Independencia; y no cabe negar que fue un momento singularmente inoportuno para nuestros peculiares intereses (Riva Agüero, 1995, p. 143). Riva Agüero continúa: mejor hubiera sido lograr la independencia cincuenta años antes, cuando aún no se había desmembrado el virreinato de Buenos Aires o, en todo caso, en el «segundo tercio» del siglo XIX, cuando se «habría encontrado bastante adelantada la fusión social de las castas y clases del Perú, menos ineptos y desapercibidos los núcleos directores, que apenas iniciaban su modernización a medias con el Mercurio Peruano» (Riva Agüero, 1995, p. 143). En cualquier forma, la Independencia no está completa en términos de creación de una nacionalidad si no se logra «la armonía de dos herencias mentales, y la viva síntesis del sentimiento y la conciencia de las dos razas históricas, la española y la incaica. Al cabo de noventa años, ¿hemos logrado acaso, en su plenitud indispensable, esta condición esencialísima de nuestra personalidad adulta?» (Riva Agüero, 1995, p. 145). Riva Agüero considera que en su «primer escrito»25 cayó en el error de considerar la continuidad del mundo andino como una «inoportuna ilusión local americana». Y a continuación confiesa: «A medida que he ahondado en la historia y el alma de mi patria, he apreciado la magnitud de mi yerro. El Perú es obra de los Incas, tanto o más que de los Conquistadores; y así lo inculcan, de manera tácita pero irrefutable, sus tradiciones y sus gentes, sus ruinas y su territorio» (Riva Agüero, 1995, p. 145). En todo caso, producida la Independencia «se imponía como deber imperiosísimo, acelerar aquel ritmo, apresurar la amalgama de costumbres y sentimientos, extenderla de lo mecánico e irreflexivo a lo mental y consciente, y darle intensidad, relieve y resonancia en el seno de una clase directiva, compuesta por amplia y juiciosa selección. Sin esto el Perú había de carecer infaliblemente de idealidad salvadora; y desprovisto de rumbos, flotar a merced de caprichos efímeros […]» (Riva Agüero, 1995, p. 146). ¿Quiénes, en efecto, se aprestaban a gobernar la república recién nacida? ¡Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo! En el vacío que su ineptitud dejó, se levantaron los caudillos militares […]. Por debajo de la ignara y revoltosa oligarquía militar, alimentándose de sus concupiscencias y dispendios, y junto a la menguada turba abogadil de sus cómplices y acólitos, fue creciendo una nueva clase directora, que correspondió y pretendió reproducir a la gran burguesía europea. ¡Cuán endeble y relajado se mostró el sentimiento patriótico en la mayoría de estos burgueses criollos! En el 155
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