transformadora. No obstante, en la escasa correspondencia que sostuvieron prima la cordialidad y las buenas maneras. Cada uno, a su modo, reconocía el valor del otro. Palma, el hombre del pueblo, termina rodeado por la aristocracia, convertido en ícono de la nacionalidad. Y González Prada, el aristócrata, es también una institución, pero encuentra su audiencia entre los jóvenes intelectuales, marginales y desafectos a la propuesta de Palma. 15 Tomo la noción de «acontecimiento» en el sentido que Badiou le da a este término. Algo sorpresivo y contingente que surge de las entrañas de un malestar social no reconocido públicamente y que implica la aparición de un sujeto —de una voluntad, un proyecto, un actor— que se define en función a la fidelidad de lo que el acontecimiento ha revelado (Badiou, 1998). 16 Y añade: «Étnicamente, mi padre era casi totalmente español. Su familia, por ambas líneas, venía de Galicia, la céltica región noroccidental de la Península; pero tenía alguna sangre irlandesa, por una de sus abuelas maternas, hija de madre española y padre irlandés. Este, de apellido O’Phelan, fue uno de los refugiados religiosos que, en el siglo XVIII, emigraron de Irlanda, en pos de asilo, hacia las católicas colonias del rey de España, y casaron con mujeres de su propio rito en la patria adoptiva. Ninguno de los biógrafos de mi padre (ni siquiera Luis Alberto Sánchez, el más acucioso de todos) ha concedido gran importancia a la influencia de ese remoto abolengo no hispánico. Quizás tuvieron razón; pero siempre me sorprendió a mí, observar los profundos rasgos de irlandés que mostraba su psicología, sin hablar de su aspecto físico como, por ejemplo, su notable parecido con Parnell, sin barba, pero con la misma nariz, los mismos ojos, la misma frente luminosa y la misma arrogancia» (González Prada, s/f). 17 Ver al respecto «Impresiones de un reservista» (González Prada, s/f e). Se trata de un testimonio en el cual González Prada describe las preparaciones de los militares limeños para defender su ciudad ante la inminencia de la invasión chilena. Los aprendizajes son lentos y, conforme se acerca la fecha decisiva, cunde el desánimo y son cada vez menos los que acuden a los entrenamientos. González Prada fue asignado a un bastión, el cerro El Pino, adonde no llegó el combate. Este texto fue publicado en el libro El tonel de Diógenes. 18 Con el término «mala conciencia criolla» designo el trasfondo culposo del mundo de los colonizadores y el hecho de que no estén a la altura de los ideales que justifican su privilegiada posición. Se trata de una sensibilidad desgarrada, acechada por los sentimientos de culpa e inautenticidad. 19 Con el término «corrupción colonial del Evangelio» me refiero al proceso mediante el cual la doctrina cristiana sobre la igualdad ontológica de los seres humanos fue tergiversada en función de crear al indígena como un «inocente culpable»; es decir, como un sujeto que sin haber hecho un mal intencionado, había recibido un legado de idolatría que lo comprometía de manera que se justificaba una «servidumbre redentora». 20 El apelativo es usado por Luis Alberto Sánchez en Elogio de Manuel González Prada (1922). 21 «El retrato que aparece con estas páginas fue tomado por mí en 1915. Durante un 145
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