La urgencia por decir nosotros

belleza y moralidad, por la otra, y esta conexión es la siguiente: si un hombre alberga opiniones falsas respecto de su propia naturaleza, será llevado por ellas a acciones que en algún sentido profundo sean inmorales o feas» (1998, p. 188). Y también se podría decir lo contrario: si un hombre (o sociedad) descubre realidades sobre sí que antes ignoraba, este conocimiento lo llevará a acciones que sean morales y bellas, que faciliten el despliegue de sus virtualidades. González Prada reveló a la sociedad de su época las mentiras que facilitaban la perpetuación del injusto orden colonial. Es decir, era infundada la expectativa de que el mundo mestizo acriollado estaría dispuesto a luchar contra el gamonalismo para hacer prevalecer los derechos ciudadanos de los indios. Los dirigentes del proyecto criollo, los señores de Lima, carecían del entusiasmo necesario para encabezar un cambio democrático. No estaban dispuestos a luchar contra los gamonales por la modernización del país. En el ensayo «Nuestros indios», escrito en 1904, González Prada lo dice así: Existe una alianza ofensiva y defensiva, un cambio de servicios entre los dominadores de la capital y los de provincia: si el gamonal de la sierra sirve de agente político al señorón de Lima, el señorón de Lima defiende al gamonal de la sierra cuando abusa bárbaramente del indio. Pocos grupos sociales han cometido tantas iniquidades ni aparecen con rasgos tan negros como los españoles y encastados en el Perú. Las revoluciones parecen nada ante la codicia glacial de los encastados para sacar el jugo a la carne humana. Muy poco les ha importado el dolor y la muerte de sus semejantes, cuando ese dolor y esa muerte les ha rendido unos cuantos soles de ganancia.Por tanto, continúa González Prada: Nuestra forma de gobierno se reduce a una gran mentira, porque no merece llamarse república democrática un estado en que dos o tres millones de individuos viven fuera de la ley. Si en la costa se divisa una vislumbre de garantías bajo un remedo de república, en el interior se palpa la violación de todo derecho bajo un verdadero régimen feudal. Ahí no rigen Códigos ni imperan tribunales de justicia, porque hacendados y gamonales dirimen toda cuestión arrogándose los papeles de jueces y ejecutores de las sentencias. Las autoridades políticas, lejos de apoyar a débiles y pobres, ayudan casi siempre a ricos y fuertes. Hay regiones donde jueces de paz y gobernadores pertenecen a la servidumbre de la hacienda. ¿Qué gobernador, qué subprefecto ni qué prefecto osaría colocarse frente a frente de un hacendado?Finalmente concluye: La condición del indígena puede mejorar de dos maneras: o el corazón de los opresores se conduele al extremo de reconocer el derecho de los oprimidos, o el ánimo de los oprimidos adquiere la virilidad suficiente para escarmentar a los 142

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