La urgencia por decir nosotros

En todo caso, entendieron que lo mejor de sí mismos no estaba en la organización de partidos o en la forja de discursos pedagógicos. Ninguno de ellos fue un líder político de masas; tampoco fueron grandes oradores. De alguna manera, decidieron que la investigación y la escritura eran los medios para producir nuevas, e interpelantes, visiones de futuro. Ese fue su papel. Y ese papel es ya bastante. II Como el intelectual, la idea de nación es también distintivamente moderna. Surge cuando el empuje del humanismo universalista del proyecto moderno choca con las múltiples tradiciones locales. Entonces, si en un inicio la Ilustración francesa del siglo XVIII tiende a instituir los derechos del hombre como una realidad universal, la propia dinámica de las circunstancias lleva a restringir esta pretensión a los derechos del ciudadano de un estado-nación. Quedan excluidos de este reconocimiento, en ese momento, los no franceses, las mujeres, los esclavos negros. La lección es clara: el espacio de realización de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad no puede ser, en lo inmediato, la humanidad toda. Esta realización tiene que tener un ámbito predefinido por la historia. Por la conjunción del lenguaje, la memoria, los intercambios económicos y el acotado espacio de la soberanía política. En todo caso, la idea de nación se enraíza específicamente en la fraternidad, en la existencia de un deber moral para con los otros; un deber llamado a convertirse en una costumbre, en un principio cuya validez se da por descontado. Reconocer la dignidad del otro, guardarle una actitud de respeto y simpatía: ese otro es como yo, y me identifico con él, es como mi pariente. Nos unen muchas cosas. Compartimos antepasados, costumbres y tradiciones, y la voluntad de vivir como iguales, ayudándonos, de acuerdo a ley. La idea nacional impulsa la igualdad. Nadie tiene que reclamarse como más o sentirse como menos, pues todos tenemos los mismos derechos. Un Estado sin nación no puede ser democrático, como lo atestigua en forma contundente la historia peruana. En el Perú, el racismo y el orden colonial continúan marcando la vida cotidiana pese a la legalidad republicana y la consagración formal del principio de igualdad de derechos. Entonces, el sentimiento de conciudadanía, que lleva a respetar al otro como una persona que tiene los mismos derechos que yo, es aún muy débil. La solidaridad y la fraternidad son también actitudes que no están in-corporadas en la conciencia de los peruanos. Esta situación es el 13

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