La urgencia por decir nosotros

El punto de partida, la prehistoria de los proyectos nacionales, está representado por Pancho Fierro, pues el genial pintor mulato nos entrega, en sus imágenes, la visión de un mundo en el que es omnipresente el hecho colonial, donde las ideas de democracia e igualdad no han dado aún lugar a una aspiración por constituirse como comunidad nacional. Y en el medio de nuestro itinerario introducimos el análisis de ciertas historias del manuscrito de Huarochirí, el texto colonial que con mayor fidelidad y entusiasmo recopila la mitología indígena prehispánica. Esta presentación no es arbitraria, pues en estos manuscritos es perentoria la necesidad de fundar un «nosotros», los indígenas. Entonces, se reafirma la pretensión indigenista, aquella que recusa el proyecto criollo, pues se hace evidente que los pueblos nativos sí tienen una historia, una matriz cultural que continúa, transformándose, hasta el día de hoy. Se podrá observar: ¿solo ocho autores? ¿Por qué no incluir a Víctor Raúl Haya de la Torre, Jorge Basadre, Víctor Andrés Belaunde, Mario Vargas Llosa, Alberto Flores Galindo? ¿Y qué pasa con los peruanos más universales, que han calado hondo en la naturaleza humana, como César Vallejo y Gustavo Gutiérrez? Y ello por no mencionar sino ausencias muy evidentes. No voy a defender mi selección a rajatabla. Hay bastante de arbitrariedad en el sentido de que estas decisiones obedecen en mucho a mis propios límites y no tanto a requerimientos de este estudio. Límites que me han restringido al espectro de los autores presentados. De todas maneras, creo que los intelectuales seleccionados son los que elaboran los horizontes de una posibilidad nacional para nuestra convulsa sociedad. Y como el lector podrá percatarse, no solo interesa la obra de los intelectuales. También me concierne la vida que la genera. Se trata de investigar cómo así, en una biografía todo confluye hacia la elaboración de un proyecto de vida que resulta sugerente para muchos, ya que pretende incluir a todos. Para empezar, son necesarios la lucidez y el coraje para introducir una ruptura en el sentido común, para hacer hablar a lo que ha sido acallado y que la gente estaría dispuesta a escuchar solo si fuera dicho de una manera realmente persuasiva. El intelectual se encuentra desgarrado entre su cotidianeidad más o menos confortable y su pretensión de santidad y heroísmo, de donde surge el llamado a la acción que formula a sus contemporáneos. Pero al menos los autores que presentamos supieron manejar esa tensión: en realidad todos ellos fueron políticos en el sentido amplio de la palabra, aunque ninguno hizo política partidaria significativa. Se resistieron a crear partidos, o fracasaron en ese empeño. 12

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx