La urgencia por decir nosotros

Desde el punto de vista histórico la narración se equivoca, pues fue Valverde el único español que no aceptó la parte que le correspondía del rescate de Atahualpa. Otra vez estamos ante un trastrocamiento de los hechos que tiene como raíz el deseo de González Prada de culpabilizar a la Iglesia por la crueldad de la Conquista. Proyectar hacia el pasado el anticlericalismo que él consideraba como el primer paso para el logro de una sociedad más justa. La dominación es total: balada «El mitayo» En esta balada González Prada imagina el diálogo entre un hijo y un padre que está por encaminarse a realizar su mita minera. Es decir, el trabajo que recaía sobre los indios como parte del «pacto colonial». El padre llora y el hijo, en su inocencia, no logra comprender el motivo de la tristeza de su progenitor. En este contexto, el padre le da una lección a su hijo. El vástago pregunta: «¿Por qué me ves y lloras?/ ¿A qué regiones te vas?». Y el padre responde: «La injusta ley de los Blancos/ Me arrebata del hogar: / Voy al trabajo y al hambre, / Voy a la mina fatal». Entonces el niño quiere saber cuándo volverá el padre. Y este responde que volverá: «Cuando el llama de las punas/ Ame al desierto arenal». A continuación el hijo inquiere nuevamente sobre el momento cuando el llama de las punas amará a las arenas. Y el padre contesta que ello ocurrirá: «Cuando el tigre de los bosques/ Beba las aguas del mar». Finalmente, después de señalar varios sucesos imposibles, el padre dice: «Cuando el pecho de los blancos/ Se conmueva de piedad». Pero el hijo insiste sobre cuándo el pecho de los blancos será piadoso y tierno. Entonces el padre sentencia lo definitivo: «Hijo, el pecho de los blancos/ No se conmueve jamás». González Prada plantea que la relación entre indios y blancos es definitivamente antagónica. Es una «dominación total». Entre los blancos no hay piedad, solo ambición. Y entre los indios reina el fatalismo y la resignación. No aparecen posibilidades de cambio, de manera que el arreglo parece ser para siempre. El indio sabe que la ley es injusta, que será usado como un animal al que se le extrae toda su fuerza hasta la muerte. No obstante, no se resiste. Es un hombre bueno, que cumple con la ley. Además, transmite a su hijo la idea de que nada puede hacerse, de que a los indios solo les toca obedecer. Tanto el indio como el blanco están determinados por su identidad étnica. Se encuentran despersonalizados o cosificados. La ambición reina 137

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