la que todos debemos culto. La Colonia habría sido la infancia o la edad media, en todo caso, el momento en que comienza a germinar la nación. En cambio, para González Prada la nación es una tarea pendiente que exige ante todo la cancelación de la servidumbre indígena. Todas las baladas de González Prada pueden ser leídas como una reacción a «Los tres». Como un intento de explorar la posibilidad de que la historia del Perú haya sido tal como el mundo criollo la plantea. Y la respuesta de González Prada es contundente: no, la Colonia no es el tiempo de «quietud, aproximación y mezcla» que la historia oficial quiere ver. Es más bien un tiempo de dominación, donde todos los intentos de acercamiento fracasan. ¿En qué medida es justa esta apreciación? ¿No estará González Prada dejando de ver el activo intercambio cultural entre españoles e indígenas? Finalmente, ¿dónde queda el mestizaje en su visión del país? Antes de ensayar las respuestas a estas preguntas, analicemos la visión del Perú que emerge de las Baladas peruanas. V Adelantemos nuestras conclusiones: para González Prada los españoles ven en los indios bestias, instrumentos; en el fondo, posibilidades lucrativas. Y, desde la otra orilla, los indios ven en los españoles gente sin corazón, movida exclusivamente por la codicia. Resulta, entonces, que tanto los españoles como los indios son definidos por un vínculo predatorio: los blancos son los verdugos y los indios las víctimas. Y (casi) nadie quiere el mestizaje. La imposibilidad del amor: balada «La india» La posibilidad de un vínculo entre india y español se plantea sobre la base de un intercambio: ella aporta el oro de sus padres y él la superioridad de su posición. De esta unión entre el conquistador pobre y la india noble podría surgir una estirpe que sería el germen de una sociedad mestiza. No obstante, esta posibilidad termina revelándose como un sueño basado en el iluso amor de la india. Ella está dispuesta a sacrificar el patrimonio de sus ancestros para conseguir el reconocimiento amoroso del español. Pero resulta que mientras que la india está impulsada por el amor, el español lo está por la «fiebre de oro», por obtener esas riquezas que pongan atrás el pasado de pobreza que lo lastra, deprime y deshonra. 132
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