hijo, y por Luis Alberto Sánchez. La hipótesis que podría explicar estos hechos es que, a medida que avanza la intención original, el proyecto se revela para González Prada como una ilusión sin fundamento. El Perú está muy lejos de ser la nación con que sueñan el mundo criollo y la historia oficial. Es una sociedad desgarrada donde el hecho colonial impide la construcción de una comunidad, el surgimiento de vínculos de solidaridad que fundamentarían un sentimiento de igualdad y el consecuente desarrollo de la ciudadanía. Entonces las baladas dejan de lado su impulso original para convertirse en esos relatos desgarradores donde el tema que se reitera es la recurrencia de la injusticia. Ello significa que González Prada se aleja de la propuesta del Inca Garcilaso y, también, de la historia oficial de su época. La denuncia de la vigencia del colonialismo, y la consecuente imposibilidad de ser nación, son entonces la involuntaria pero necesaria conclusión de las Baladas peruanas. La ruptura con Garcilaso se da a dos niveles. Primero, la valoración de González Prada sobre el Incario es ambigua. A veces, siguiendo a Garcilaso, el imperio es presentado como una sociedad caracterizada por el orden, la abundancia y el buen gobierno. Pero, en otras ocasiones se subraya el carácter despótico de las autoridades y la correlativa presencia de una servidumbre que aplasta a la gente común. Segundo, y más decisivamente, la Conquista y la Colonia son valoradas como injustas y crueles; moralmente ilegítimas. La posición del Inca Garcilaso es muy distinta. No es que falten críticas a la codicia y a la violencia de los españoles. No obstante, tales críticas están subordinadas a una apreciación fundamentalmente positiva. En efecto, la invasión española es imaginada como un hecho «providencial», como haciendo parte de los designios de Dios para la evangelización de las Indias. Desde esta perspectiva, y pese a todas sus demasías, la Conquista se justifica y se presenta como definitivamente beneficiosa para los propios indios, pues les abre las puertas de los cielos. Entonces, Garcilaso no encuentra contradicción entre exaltar el imperio y aprobar la Conquista española. Puede entonces referir los sucesos más injustos y trágicos desde una posición distanciada, en un tono objetivo y sereno. Finalmente, Dios, Jesús y la Virgen María son los garantes de que todo lo que ocurre tiene un sentido y no queda más que confiar en la infinita sabiduría de sus designios. Significativamente, la obra de Garcilaso acaba con este párrafo: 130
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