literario, más empírico y sistemático. De esta generación revisaremos Paisajes peruanos, de José de la Riva Agüero, pues esta obra representa su momento de mayor lucidez. Es la propuesta de una refundación republicana que acabe con la servidumbre indígena e integre realmente al país. Es la radicalización del nacionalismo criollo. Una tarea que tendría que realizar la juventud capaz de desprenderse de sus intereses personales, sensible al llamado de lo grande. Pero estamos hablando de una época donde la formación, y el ejercicio, de una capacidad de pensamiento está solo al alcance de muy pocas personas, de aquellas que no precisan trabajar, pues tienen rentas que les permiten vivir. Poco después, desde la provincia surge una respuesta desgarrada al nacionalismo criollo. Es una reafirmación de lo indígena, en sus facetas de raza, cultura e historia. El mundo criollo, dice Luis E. Valcárcel, puede ser arrasado por una tempestad de furia y violencia indígenas. Se equivocan quienes piensan que el indio es un ser abyecto que tiene que regenerarse. La cultura indígena que anima las almas de las masas campesinas está plenamente viva y, además, está renaciendo. Tal impulso puede tomar dos caminos: o una guerra de razas o la integración en una comunidad donde la impronta indígena será decisiva. La situación cambia con el paulatino desarrollo de la prensa y el periodismo a inicios del siglo XX. Desde entonces, es posible vivir de pensar y escribir. Surgen intelectuales entre las clases medias emergentes. Sin olvidar a Valdelomar, Mariátegui es el momento culminante. Y su propuesta es hacer confluir indigenismo y socialismo, imaginar un camino propio hacia un futuro reconciliado. Mariátegui va más allá en el camino abierto por Manuel González Prada y continuado por Luis Valcárcel. La última estación de nuestro recorrido es José María Arguedas. En su obra, mucho de lo que Mariátegui había planteado como ideas descarnadas se convierte en historias que nos hacen acceder al mundo de la vida de personas concretas. Y aunque Arguedas no se oponga al socialismo, la fuerza de su vida está en el énfasis indigenista, en el logro de una afirmación cultural que haga posible la descolonización del imaginario indígena y criollo. Quizá la prefiguración más lograda de este camino se encuentra en Ernesto, el joven protagonista de Los ríos profundos. Ernesto encarna una figura de inocencia, de rechazo a la doblez de quienes proclaman solemnemente la ley para inmediatamente infringirla. Y también la figura de un mestizo enraizado en el mundo indígena. 11
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx