La urgencia por decir nosotros

Las tres preguntas no pueden contestarse por separado, pues las respuestas se complementan. En forma sumaria podría decirse que estas baladas son un proyecto inacabado cuya intención original fue elaborar una épica nacional expresada en un género discursivo que a través de fragmentos le permitiera a González Prada totalizar una visión de conjunto de la historia del Perú. Sin embargo, el proyecto fracasa en la medida en que su propia realización pone en evidencia la falta de una «sustancia nacional» y, por tanto, la imposibilidad de imaginar, veraz o plausiblemente, una comunidad que integre a criollos e indígenas. ¿Por qué atribuir a González Prada la intención de construir una épica nacional? La primera razón es la necesidad que se vivía en su época por producir una narrativa que cimentara un nosotros nacional. En este sentido, el intento más exitoso fue el de Ricardo Palma con sus Tradiciones peruanas (1952). La idea central de Palma es que el Perú es una colectividad criolla, a la que se integrarían poco a poco, lentamente, los indígenas, conforme pudieran regenerarse y dejar atrás su barbarie. En realidad, el mundo indígena está casi totalmente excluido de las Tradiciones peruanas. Además, como lo he examinado en el texto anterior, la comunidad criolla se imagina como fundamentada en el señorío, en el sentido de estar integrada, no por ciudadanos iguales ante la ley, sino por señores que se definen por situarse por encima de la ley. Se trata pues de una comunidad de cómplices o trasgresores que adquieren identidad en referencia a los siervos, a los excluidos, a los «inocentones»; a aquellos que sí cumplen con la ley, es decir, frente a los indígenas. Para realizar este proyecto, Palma crea un género discursivo: la tradición. Una forma narrativa que fusiona la oralidad popular con datos históricos extraídos de archivos. Todo ello gracias a una presencia personal que garantiza o acredita la verdad del relato en términos de su representatividad respecto al espíritu de la época y la sociedad que busca retratar. Es decir, Palma, en su calidad de patriarca y depositario de la tradición, reclama una fidelidad al espíritu de la época antes que una erudición histórica precisa. Para Palma, la imaginación podría llegar más lejos y ser más veraz que la reconstrucción histórica documentada. González Prada rechaza categóricamente el proyecto de Palma, pues le parece encubridor y mentiroso. La segunda razón para atribuir a González Prada el intento de construir una épica nacional tiene que ver con el género discursivo que eligió, es decir, la balada. A pesar de ser muy distinta de la tradición, la balada, tal 127

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