¿Cómo llega González Prada a esta revolucionaria conclusión? La hipótesis que vamos a sostener es que González Prada intentó elaborar una épica nacional, un relato que fundara el anhelado nosotros nacional. Pero en el mismo intento se fue dando cuenta de que esa narrativa era imposible, de modo que finalmente lo que emergió de su esfuerzo no fue la imagen de un país que está integrándose, sino por el contrario el cuadro de una sociedad desgarrada, presa de una historia que pretende olvidar pero que no hace más que reproducir. La escritura de las llamadas «Baladas peruanas» es el espacio donde González Prada intenta construir la épica que fracasa. Allí toma conciencia de la mentira y la debilidad de la tradición criolla. IV Las «Baladas peruanas» son la primera parte de una serie de poemas escritos por Manuel González Prada con el título genérico de Baladas (s/f d)22. El conjunto consta de tres partes: las de tema peruano, las de temas diversos y las que tradujo del alemán. Según refiere Luis Alberto Sánchez (1988, p. 390), él mismo, aunque en conformidad con el hijo de don Manuel, Alfredo González Prada, bautizó la primera parte como «Baladas peruanas». Las Baladas permanecieron inéditas, salvo unas pocas excepciones. Fueron recién publicadas en 1935 con prólogo de Luis Alberto Sánchez. Según Alfredo González Prada, en testimonio recogido por Sánchez, las llamadas «Baladas peruanas» fueron escritas sobre todo entre 1871 y 1879, cuando su autor residía en la hacienda familiar de Tútume en el valle de Mala. No obstante, Isabelle Tauzin considera probable que «fueran escritas precisamente en el encierro de Prada en la Lima ocupada por los chilenos cuando se abstuvo de salir a la calle porque no quería ver la insolente figura de los vencedores» (s/f, p. 13). Las dos hipótesis son plausibles. También podría especularse en torno a que fueron escritas, al menos en parte, en el periodo señalado por Alfredo y que luego fueron corregidas durante la ocupación chilena. En todo caso, en las Baladas peruanas hay dos presencias gravitantes. La primera es la del Inca Garcilaso de la Vega, autor que González Prada leyó en su estancia en Tútume. Y la segunda son los propios indígenas con los que el autor tomó contacto tanto en Mala como también en la campaña de defensa de Lima contra la invasión chilena. En ambas circunstancias, González Prada se acercó a la humanidad de los indios y el resultado fue 125
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