hipótesis, pues la solución de juntar a blancos y mestizos en la común denominación de criollos implicaba desconocer la importancia que la «pureza de sangre», y los títulos nobiliarios, tenían para una aristocracia cuya tendencia espontánea era proseguir con la segregación colonial. Desde esta perspectiva, el criollismo de Palma sería resentido como una inaceptable igualación. Pero este aferrarse a lo colonial era una propuesta sin futuro, pues la decadencia de la aristocracia y el encumbramiento de militares y empresarios habían trastocado en profundidad a la clase alta. Además, se trataría de aferrarse a un presente sin futuro, pues el proyecto de una restauración colonial, encabezada por los residuos de la aristocracia, no estaba en el horizonte de la época. De todas maneras, sin embargo, la crítica al criollismo tenía una de sus fuentes en la arrogancia aristocrática, a la que Manuel González Prada no era totalmente ajeno. Pero si este fuera el único, o principal factor, la posición de González Prada hubiera sido muy distinta. En este caso se hubiera tenido que encerrar en un orgullo nostálgico, o aproximarse al conservadurismo de Bartolomé Herrera, que reclamaba una república autoritaria gobernada por los «más capaces». Una suerte de segregación velada. Entonces la crítica al criollismo de Palma tiene otras fuentes de mayor importancia. Para decirlo sumariamente: el sentimiento de culpa junto con la falta de vergüenza. A través de sus estudios y del trato cotidiano con los indios, González Prada rompió el velo que justificaba la dominación étnica. Y, de otro lado, como él no tenía un fenotipo indígena tampoco tenía de qué sentirse avergonzado. El descubrir la verdad, a la vez tan obvia y tan oculta, tan naturalizada por siglos de opresión, significaba asumir el conflicto étnico entre blancos e indios que el criollismo pretendía cancelar postulando que todo los peruanos eran ya, o habrían de ser, mestizos acriollados. Ahora bien, el Discurso del Politeama es la primera intervención abiertamente política de Manuel González Prada. Obedeciendo a un impulso moral, «rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz» (s/f a), a los 44 años, González Prada decide hacer públicas sus ideas. Pese a que la prensa oficial ignoró el discurso, su gravitación fue inmensa, y no hizo más que crecer con los años. En términos muy sumarios, la tesis del discurso es que el problema del Perú es la perpetuación del dominio étnico que separa y enfrenta a los componentes de la futura nación peruana. 124
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