La urgencia por decir nosotros

González Prada elabora una visión alternativa del Perú, llamada a tener una enorme influencia en la juventud de la generación del centenario, especialmente en Haya de la Torre y Mariátegui. Mientras tanto, Ricardo Palma fue rescatado por la generación arielista o del 900; Riva Agüero, Ventura y Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde. González Prada ilumina todo aquello que Palma no quiere ver: la violencia como principio estructurador del coloniaje, la irreductibilidad de los antagonismos étnicos, lo imposible de una nación peruana que no incluyera al indio. El momento en el que Palma es cooptado por el conservadurismo corresponde a la crisis del proyecto de la República Aristocrática, al primer gobierno de Leguía (1908-1912), que representa un caudillismo civil que se aparta de los círculos tradicionales de poder. Pero el gobierno de Leguía no llega a entenderse con Palma, el máximo poder espiritual de su época. Le reprocha un manejo personalista y poco profesional de la Biblioteca Nacional. Y reemplaza a Palma por Manuel González Prada. Entonces la juventud aristocrática cierra filas en torno al «patriarca» de las Tradiciones. Normalmente reacio a los homenajes, esta vez Palma acepta el tributo de admiración. Y la significación práctica de su obra comienza a desvirtuarse respecto a lo que fue su propósito original. En el acto de desagravio, José de la Riva Agüero, el más talentoso de los jóvenes intelectuales de la aristocracia, dice: Este rendido homenaje de admiración y cariño constituye el solemne desagravio que la sociedad de Lima y, por su medio, el Perú os ofrecen de las culpas de infieles representantes, constituye también el cumplimiento de una obligación nacional… Sois, señor, como nadie y antes que nadie, encarnación legitima del espíritu de nuestra patria, viva y sagrada voz del pasado… Sin hipérbole alguna y pesando cuidadosamente las palabras, se os debe proclamar uno de los más principales y eficaces agentes en la formación del sentimiento de nuestra nacionalidad… Quien os honra, honra la patria (Riva Agüero, citado en Miró, 1953, p. 194). No obstante, el juicio más equilibrado y profundo sobre la obra de Palma ha sido elaborado por José Carlos Mariátegui: Las tradiciones de Palma tienen, política y socialmente, una filiación democrática. Palma interpreta al medio pelo. Su burla roe risueñamente el prestigio del Virreinato y el de la aristocracia. Traduce el malcontento zumbón del demos criollo. La sátira de las tradiciones no cala muy hondo ni golpea muy fuerte; pero, precisamente por eso, se identifica con el humor de un demos blando, sensual y 109

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