La «fortuna critica» de la obra de Palma no está exenta de ambigüedades. En definitiva, la inspiración original de Palma fue anticivilista y antioligárquica, pues al democratizar el señorío e invisibilizar las diferencias de color de piel Palma se oponía a lo que él llamaba la «argolla», el grupo de nuevos ricos que pretendían acaparar los beneficios del guano mediante la construcción de una gobernabilidad oligárquica, excluyente. Y que se identificaban como blancos. No obstante, los herederos de la obra de Palma serán precisamente los hijos de la «argolla», los descendientes de los consignatarios y consolidados, de aquellos que logran hacer fortuna gracias a su espíritu empresarial y su proximidad al poder político. Ocurre que el proyecto liberal y democrático de la república criolla imaginado por Palma se convierte en el sustrato ideológico del orden civilista. En efecto, su apuesta por definir al sujeto social que habría de ser el protagonista de la nación peruana sirve para fundamentar un orden social donde son los herederos del colonialismo quienes tienen la mayor ventaja. Palma logra reconciliar, hasta cierto punto al menos, a los blancos con las «plebe», bajo la hegemonía de los primeros. Al respecto, es sintomática la tradición «Los caballeros de la capa», donde Palma narra el asesinato de Pizarro por obra de los partidarios de Almagro, definitivamente marginados del botín de la Conquista. El hecho decisivo es que Palma fabula a un Pizarro ya caído pero que en el momento de su agonía dibuja en el suelo —con su sangre— una cruz que luego besa. De esta manera se sugiere que Pizarro se reconcilió con Dios, que se fue al cielo. Palma «salva» a Pizarro haciéndolo parte de la comunidad criolla. Estas es una de las tradiciones que más ha sido reproducida en los textos escolares, y que más ha influido en el imaginario criollo. No es entonces casualidad que la arteria más importante del viejo distrito popular criollo, el Rímac, se llame precisamente Francisco Pizarro. En las Tradiciones peruanas el criollo se sitúa más cerca del español que del indio. Hecho que no se repetirá con el surgimiento del mundo cholo a mediados del siglo XX, puesto que las grandes avenidas de la nueva Lima se llamarán Túpac Amaru o Pachacútec. El nuevo limeño se siente más cercano al indígena vencido que a los conquistadores blancos. Pero esta es otra historia. Si Palma terminó por fundamentar la gobernabilidad oligárquica que tanto rechazaba fue, en gran medida, porque su obra sirvió de contrapeso al discurso de la otra figura inmensa del Perú de fines del siglo XIX. Me refiero naturalmente a Manuel González Prada. 108
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