los quechuas […] de hecho, cuando Palma, casi subrepticiamente desplaza al quechua y lo convierte en español, está produciendo un espacio homogéneo, sin fisuras […]» (1994, pp. 98-99). El hecho fundamental es que para Palma lo peruano es lo criollo. La sobrevivencia del indígena solo sería posible gracias a una mímesis regeneradora con lo criollo, un cambio que implicaría un rechazo de lo abyecto, posible pero sin duda problemático, pues Palma tiende a imaginar al indígena como orgánicamente incapaz. En las Tradiciones, el indígena aparece como un hombre bruto, falto de cultura y educación. En consecuencia, el criollo tiene que abjurar de su componente indígena para ser reconocido como persona de valor. En perspectiva podría decirse entonces que la subjetividad criolla está mutilada de uno de sus elementos constitutivos, pues todo lo asociado a lo indígena pasa a ser menospreciado, reprimido. No obstante, las cosas no son ni simples, ni lineales. Para empezar, la misma Independencia implicó que los criollos exaltaran el Tawantinsuyo y que postularan lo arbitrario de la invasión española al antiguo Perú. Pero esta reivindicación implica un sujeto que asume una identificación y una defensa de lo indígena. Y, justamente, el criollo se define como negación de lo indígena. Entonces, la ambivalencia es sustancial al criollo al mismo tiempo que invalida lo indígena y se apropia de su historia y de la justicia de su reclamo. ¿Mero oportunismo? Sí y no. No, porque el liberalismo criollo hereda al indigenismo colonial y su denuncia indignada del abuso contra los indios. Entonces, no se trataba de una afirmación demagógica, pues los ilustrados pensaban de buena fe que la Independencia llevaría a una hermandad de todos los peruanos. Pero también había oportunismo, pues los indios son valorados en tanto dejan de ser indígenas. El mundo criollo tenía conciencia de que la Conquista era una gran injusticia pero, al mismo tiempo, no dejaba de aprovecharse de sus consecuencias. Entonces, junto con el desprecio hacia el indígena y el indio, también existía un sentimiento de culpabilidad, pues había sido la dominación colonial el factor que convirtió al glorioso Imperio de los incas en esa masa abyecta de indios con tan dudoso futuro. De este sentimiento de culpabilidad, y como intento de reparación, nace el indigenismo republicano. En realidad las llamadas Tradiciones peruanas casi no se ocupan del mundo andino (Frisancho, 1996). En este contexto, la tradición «El corregidor de Tinta» representa una excepción sintomática. Como suele ser el caso, Palma centra la historia en una anécdota: la celebración 106
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