apenas presente en su universo narrativo. No obstante, pese a esta casi ausencia, representa el modelo negativo de identidad del criollo. La visión de Palma sobre lo andino es profundamente ambigua. De un lado, está la expectativa de que, gracias a la educación y a los tiempos, el indígena se acriolle, forme parte de la colectividad nacional. No obstante, está también presente un radical escepticismo sobre sus capacidades innatas. En una de las cartas que le escribe a Nicolás de Piérola, después de la rendición de Lima y el triunfo chileno, Palma dice: En mi concepto la causa principal del gran desastre del 13 está en que la mayoría del Perú la forma una raza abyecta y degradada que usted quiso dignificar y ennoblecer. El indio no tiene sentimiento de la patria; es enemigo nato del blanco y del hombre de la costa y, señor por señor, tanto le da el ser chileno como turco. Así me explico que batallones enteros hubieran arrojado sus armas en San Juan sin quemar una cápsula. Educar al indio, inspirarle patriotismo, será obra no de las instituciones sino de los tiempos. Por otra parte, los antecedentes históricos nos dicen con sobrada elocuencia que es orgánicamente cobarde (Palma, 1979, p. 20). Esta falta de empatía con el indígena implica también un desconocimiento de su aporte en la formación del mundo criollo. En efecto, el criollo se ennoblece como señor empinándose frente al indígena concebido como indio, como siervo. En su estudio sobre la heterogeneidad de las literaturas andinas, Antonio Cornejo Polar analiza una de las pocas tradiciones referidas al mundo indígena, se trata de «Carta canta». El relato ha sido analizado, ente otros, por Max Hernández y Jorge Frisancho. En realidad la anécdota proviene de Garcilaso. Se trata de la historia de dos indios que son comisionados para transportar diez melones. No obstante, la sed y el aroma de la fruta vencen sus escrúpulos, de manera que haciendo un descanso en el camino se comen dos de los frutos. El destinatario, junto con el envío, recibe una carta donde se estipula la cantidad de diez melones. Los indios, para su sorpresa, son castigados. Uno de ellos exclama: «¡Lo ves, hermano, carta canta!» El comentario de Cornejo Polar apunta a que la tradición «repite la historia de la derrota y sumisión de los indios y su extrema debilidad frente a la escritura de la autoridad o […] la autoridad de la escritura» (1994, p. 96). De otro lado, Cornejo Polar señala: «Se produce así, casi insensiblemente un desplazamiento del quechua hacia el español y el correlativo borramiento de aquél. Irónicamente, con inverosimilitud que no parece preocupar para nada al autor, el refrán español nace de la palabra de 105
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx