La trampa

mejor este camino. . . Esa bocina es nueva. Qué bien suena! Debe ser un carrito pequeño, joven. Debe per- 1 tenecer a algún muchacho alegre. O tal vez a una mu– chacha de mirada atractiva, de manos nerviosas, de pelo rebelde· sobre la pequeña frente. . . una mu– chacha. . . Esa otra bocina es ronca, de auto viejo, de– be ser de algún señor de edad, de chofer uniformado. I está apurado por pasar, quiere que le dejen el paso libre. . . Qué apuro, señor, todos tenemos que pasar ... Ahora varias bocinas a la vez . . . se ha embotellado el tráfico ... No hay un policía ... ? No hay un policía! . . . imposible! Esos están siempre en todas partes ... pero se aturden, sí señor, se aturden con el ruido y las voces de protesta. Porque sin duda están protestando . . . qué gracioso ... ! ja, ja, ja! !!! . . . . Son tontos esos policías de tránsito .... ! Ahora suenan los pasos de la ronda ... Oye, tú, 613 ... Estás dormido ... ? Qué te pasa . .. ? Te ríes solo ... Súbitamente han cesado los ruidos en la celda. Ahora el silencio recupera su imperio. Se pierden en ·el corredor los pasos de la ronda. Me doy vuelta en el camastro y alejo el pensamiento. Ya no hay más ruidos d& la calle. Y a no hay más bocinas. Sólo cae en la noche e l piteo del guardia cada minuto. Estoy solo en mi celda y soy nada más que un número ... 613. - 95 -

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