La trampa
El asedio. Marilú, te acompaño ... ? Vas demasiado sola y ya es un poco tarde. Bueno, ya está, Enrique. Vamos, pues. Enrique es un viejo luchador, de los más antiguos, como hermano de todos. A María de la Luz la cono– ce desde la Universidad. Han sido siempre buenos ca– maradas. Ahora él está casado. Ella. . . bueno, tres fracasos sentimentales, y una especie de repugnancia física por ·el amor. Marilú, por qué estás tan sola ... ? No crees que nocesitas un poco de. . . bueno, de afecto, de cariño ... ? Yo?, no. No me hace falta. Estoy bien así. - Rie. (No es cierto. María de la Luz pasa largas horas de la noche desvelada y muchas veces no es por el par– tido, ni por sus propios problemas económicos. Un va– cio desolador, una soledad que nada llena, la hacen moverse desapaciblemente en la cama. Sí, tres fraca– sos sentimentales. . . I qué importa ... ? Es joven, ¿por qué sentirse concluída ... ? Ya se recuperará ... ). Tú eres una mujer libre. . . eres revolucionaria .. no creo que tengas prejuicios ... No, pero no creo .que haga falta. Si tú quisieras ... - 84-
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