La trampa

solo porque era del partido. Usted sabe, las revolucio• nes no las gestamos nosotros, sino los líderes. Ellos dleron la orden. . . y la contraorden. . . pero el fracaso no se pudo evitar .. . Aiá ... así es .. . Nos dieron órdenes de parar cuando llegara el mo– mento, pero éste no llegó. . . Nos detuvieron antes . . . I ahora ... ? No sé. . . Hay Cortes Marciales porque hay mili– tares comprometidos .. . Por qué fracasaron ... ? V aya usted a saberlo ... ! Mala organizac1on, qué se yo. . . Dicen que hubo delación ... El diálogo se prolonga, cortado a intervalos por los pasos de la ronda. Luego recomienza. Una vez más un movimiento fracasado. . . Si hu– biera triunfado, quizá no estaría a estas horas contan– do los barrotes de mi celda, como. todos los días. Qui– za. - 71 -

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