La trampa

otro papelito con una detenida. Marilú le manda de– cir que si continúa, entregará sus mensajes a la madre superiora. Los papeles cesan y la cara de la "chile– na'' se torna en odio y desprecio. HClln llegado 10 detenidas :políticas. Una redada de la policía, en algún centro de propaganda clandes– tina. Son gentes humildes, recogidas del montón. Traen las manos vacías y las caras hoscas. Antes, pasaron por las ergústulas de la Prefectura. Subieron las es– caleras a empujones. A la que se resistió o protestó, le dieron culatazos con el rifle del gendarme. A una la paiearon. Está encinta y se queja de dolores en el vientre. Un soplón abofeteó a una anciana que le exi- gió más respato. . A la mañana siguiente han tenido que llevarse a la mujer embarazada al hospital. Sus dolores se acre– centaron durante la noche y ha empezado a expeler sangre. Está pálida _y ojerosa. Pero no llora. La celda es grande y han habilitado hasta seis camas. A las otras detenidas las llevan a dormir a la sala de las comunes. be día regresan a la sección de las políticas. El pequeño patio se llena de voces, de olores, de vidas nuevas. Todas hablan de sus últimas experien– cias con la policía. Luego, evocan sus hogares, sus hiios, sus más cercanos familiares. Hay, sobre todo, un hedor nauseabundo. A fermen– tos, a ropa sucia, a cuerpos sin aseo. Es verano. Mari– lú ejerce su calidad de líder y establece la hora del baño. De ahí en adelante la vida de la celda queda organizcda como una célula unionista, con su hora– rio pre establecido. Todo el grupo acepta de buen gra– do. Se reparten los turnos. La más anciana de las detenidas - 60 años más o menos, raza indígena, acriollada - quiere ser la pri– mera en el aseo. I se baña a las 7 de la mañana, de– trás df# la cortinas qua cubren la precaria ducha de - 53 -

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