La trampa
Hace semanas ocuparon el calabozo, por turnos, dos mujeres a las que se les encontró metidas en una sola cama. La guardiana, haciendo su ronda noctur- · na, descubrió a las culpables y una después de la o– tra, pasaron ocho días en la celda de rigor. Cuando aparecieron a la luz, estaban transparentes por el ayu– no y la falta de aire. Pero la "loca'' patea, gime y maldice en su hue– co de piedra y no cesa en sus gritos de auxilio. Marilú la oye. Se tapa los oídos, pero la oye. A través de la distancia, a través de los muros de piedra, de las · hondas arcadas del convento hecho cárcel, re– suenan los ecos gimientes, maldicientes de la "loca" y todo su ser se estremece de horror. La noche llega en medio de las quejas de la encerrada y entonces la guar– diana le lanza el chorro de agua. Castigo cruel; la mu– jer deberá dormir sobre la paja mojada. Los días pasan y las voces de la loca se van ha– ciendo cada vez más débiles. A veces sólo sale un como canto desvaído. Señora Marilú. . . por favor, dígale a la monja que me saque de aquí. . . a usted le hace caso. . . me es– toy muriendo ... La "loca" es reincidente, antigua cliente de la cár– cel. A los ocho días justos sacan a la "loca" del ca– labozo. Está ardiendo en fiebre. Tiene congestión pul– monar y echa escupitajos de sangre espumosa. Se la llevan al hospital. Montón disminuído de harapos y quejumbres. Marilú respira. No oirá más los ~ritos des– templados de la pobre reclusa, ratera y mediga. No los oirá más, porque del hospital irá a la fosa común del cementerio. A las 3 de la madrugada empiezan los rezos. A la s 4 pasan las detenidas a la capilla. A las 5 regresan y sig uen rezando. A las 6 desayuno; un jarro de agua oscura con un pan negro. A las 7 aseo general. A las - 51 -
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