La trampa
La víspera. / Nadie sabe lo que significan las visitas a los pre– sos. Es una tortura que comienza desde la víspera, no, mejor aún, desde la antevíspera y sólo termina cuando lo encierran a uno en la celda, después de las 6 de la tarde. Pero durante todo este tiempo, es un angusfü:rrse, un vivir a sobresaltos , que a veces quisiera uno no te– ner a nadie que l·e venga a visitar. Dos días antes del día de visita, Ud. pTepara todo su ser para el momento del ·reecuentro. Se imagina las caros de sus familiares, ansiosas, interrogadoras, Parece que le quieren adivinar el pensamiento, sacarle· hacia afuera todos los momentos vividos sin ellos. Luego uno se dice: vendrá fulano ... , m·engano. . . la madre, los hermanos. . . Ah, tal vez vendrá Manuel, el amigo más querido, o no vendrá. . . Habrá alguien enfermo? o qui– zá me traerán la noticia de que alguno de la familia ha muerto. . . pasan tantas cosas. . . y uno adentro, sin sa– ber. : . sin poder hacer nada... I si no viniese nadie . . . prepararse para nada .. . Quizá se habrán cansado ya de venir. . . quizás. I estos pensamientos le roen el corazón, le pertur- - 46 -
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