La trampa

Suspenso. Como una tromba, empuja la puerta Stool. La es– posa le ha visto venir, a través de los visillos, en esa espera de días y de d.ías. El "Amazonas'' acoderó a las 8 de la mafüana y el viejo marino, entregó toda la documentación ál segundo de abordo y bajó rápidamen– te a tierra. Durante los ocho días de navegación, nadie le vió en el comedor, ni en la cantina. Del puente de mando a su despacho y de allí a su camarote. Nadie se le ha acercado con una pregunta indiscreta, ni siquiera trataron de aliviarle los sombríos pensamientos. El barco entero ha estado de duelo, solidario con la pena del viejo capitán. Días y noches atisbando las oscuras aguas del mar Pacífico, hasta divisar las costas peruanas. Días y noches fumando su vieja pipa de espuma de mar, y, a veces, bebiendo el fuerte ron de Jamaica. Tal vez al– gunas noches el rumor del oleaje se mezcló con sus sollozos. Cuando entró en la casa, se le plantó la esposa por delante. Se atravesaron las mirados y él confirmó la , verdad de su tragedia. ¡No habían mentido los parió- - 41-

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