La trampa

tan extr~ña?. . . Pero no debía dejar traslucir sus pen– samientos. Para ganar tiempo contestó: Mire Ud., no sé nada de estas cosas que Ud. dice de mi hijo. Sólo sé que apenas tiene 19 años. Siempre ha sido respetuoso, correcto. Un buen hiio y un buen cristiano ... Matar él? ... Por orden de otros? ... -Se sonrió. Junto a la cómoda sus dos hijas habían cesado de llorar y la miraban. Ella vió sus, ojos, asustados. l tuvo la exacta sensación de que todo era verdad, de que había comenzado su agonía, su lento morir para el resto de sus días. Entonces le entró una e specie de furia, de rabia contra esos miserables que habían asaltado su casa, aprovechándose de su desmayo. Se irguió enérgica y se puso de pié con el gesto iracundo. ' l Uds. quienes son? ... Qué hacen aquí, en mi dor– mitorio? -les gritó. La policía . . . somos de la policía. . . -1 uno de ellos enseñó una placa detrás de la solapa.· Ah; soplones? ... Fuera, fuera de aquí! ... No tie– nen derecho ... Váyanse, cítenme a la Pre fectura .. : pe– ro aquí nó, este es mi hogar. A mi dormitorio sólo en– tran mis hijos y mi marido. ... - 1 avanzó hacia ellos, empujándolos, hasta hacerlos salir. Sus dos hijps se pre– cipitaron a su lado y la abrazaron llorando convulsiva– mente. No, no .... déjense de lloraf ... Voy a arreglarme ... Sin duda me llevarán a declarar. . . ' Todo lo han revuelto, mamita! Se ha,n cogido un montón de co·sas, libros, papeles, la pistola de papá ... - gemía Carmen. Ah, foragidos. . . se lo diré al Prefecto. . . Ya ve– rán ... ~ - l se arreglaba el peinado, se echaba un poco de polvos a la nariz. Luego se cambió de vestido y sa– lió a la sala. Allí estaban los cinco tipos aguardándola. Estoy lista. Sin duda me llevarán a declarar. Mamá, vamos contigo!. - 29

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