La trampa
Ud. debe saber lfluchas cosas, señora, y es preciso que se calme y ordene sus ideas. Tiene que declarar. Su hiio acaba de matar a dos personas . . . Mi hiio?. . . No le puedo creer! ... De súbito recuperó el dominio de sí misma. Si que– ría salvarlo, debía ser dueña de sus palabras, cuidar lo que decía. Un estremecimiento interior le hacía tem– blar ligeramente los labios. Acababa de llegar el mé-. dico de la familia, llamado por su hija. Se le acercó receloso. Ya está Ud. mejor, señora? Repóngase bien. Un shock nervio.so , nada más. - I luego ·a Carmen - Aquí está, señorita, déle estas cucharadas cada dos horas y si es posible, que descanse un poco. Adios. Adios, doctor Valdez -respondió ella, mirándole fijamente- . Ah, era verdad. Algo muy grave había su– cedido. Este médico ·de la familia era un amigo de con– fianza y ahora, delante de estos hombres, la trataba como a una desconocida. "Señora" - Sin duda para no comprometerse. Comprendió. I qué... qué ha sucedido? - preguntó a los intru– sos que apenas se movían de su lado. La voz le tem– blaba, pero ella estaba segura de ·poder oirlo todo, aún lo peor. Ah, se siente mejor, no?. . . Ud. debe saber las an– danzas de su hijo, en estos últimos tiempos . .. Mi hijo? ... No, no . .. Ah, sí, como joven tiene sus amigos, sus compañeros de estudio. Porque es estu- diante'... · No se haga la inocente, señora. Su hijo estaba afi– liado a una. organización terrorista ... Cómo dice? ... Terrorista? ... - Sí, señ9ra, terrorista. I por orden de esa organiza– ción acaba de asesinar a un prominente hombre públi– co y a su esposo. -La voz del hombre sonaba a falso. Sus gestos eran insolentes, groseros. ¿Su hijo miembro de una organización terrorista?. . . ¿I por eso su actitud - 28 -
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