La trampa

15 de agosto de 1935. La señora Marta acababa de v,1:mir de la calle. Esa mañana sentía una extraña sensación de angustia. Eso que se apodera a veces de nosotros, sin razón, y que nos hace pensar en cosas desagradables. Presentimien- to. No, tonterías. · La señora Marta, 45 años. Rubia, un poco gruesa, hermosa. Un marido marino - inglés· - cuyos largos viajes la sumían sn permanente nostalgia. No podía viajar con él, no era permitido. 4 hiios, dos hombres y dos mujeres. Y uria vida sin mayores conmociones, co– mo el deslizarse de una pequeña corriente de agua en un lecho tranquilo. Aparte de las enfermedades de los niños, de las despedidas periódicas y las periódicas llegadas del es– poso, la señora Marta no conocía mayores dolores. Ah, sí, la muerte de la madre, viuda hacía años, y cuando ya ella estaba casada y con dos hijos. Es? dolor sí que fué el turbio sacudón que hizo un paréntesis amargo en su vida; luego, los años suavizaron la herida, y el deber y el amor a los suyos, terminaron por cia:itrizarla. Pero, a qué todos estos recuerdos? Si nada había sucedido. La mañana era clara, sin nubes, pero tam- · poco había sol. La falta de sol siempre la predisponía ~ 25-

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