La trampa

Por las noches tenía ltemendas pesadillas y desper– taba aullando como un loco. Todos los días iba a verlo recorrer el sitio acostum– brado. Pero dejó de salir dos o tres días y yo pensé que me había observado y se cuidaba. Entre tanto, yo tra– taba de medir el terreno, los pasos que me separarían de mi víctima. Paseaba nervioso y miraba a todas par– tes por ver si alguien se fijaba en mí. " Pensé en todo. Sí, seguramente trataría de defen– derse. Tal vez alcanzaría a sacar su revólver. Pero yo dis~.araría una y otra vez. El arma era segura. ¿I la gente? ... Correrían a cogerme. No le dispararía todas las balas. Una guardaría para mí. Pero esa vez también me falló. Una pequeña aglo– meración de gente me separó de mi víctima y éstos - él y ella- lograron estar a más distancia de lo que yo tenía calculado. · " Esa noche al llegar al partido, el "califa" me reci– bió sonriente. Sí, sí. . . no digas nada. Ya lo sé. Te estuve obser– vando. La próxima vez será ... " Y la próxima fué. A qué relatarle los momentos terribles que viví al ejecutar el acto? Aquello fué como un relámpago. Toda la energía acumulada durante tantos. días, tan largas horas, esta– lló de pronto. Se hizo acto. Ya yo no era yo. Era una mano dura, férrea apretando el gatillo. Así lo había vi– vido horas de horas, en las torturadas noches sin sue– ño. Así lo había ejecutado uha y mil veces en mi pen– samiento. Realizarlo en ese instante ya no era sino re– petir el gesto mecánico, aprendido de memoria, sin un solo cambio idéntico a sí mismo. No me tembló la ma– no. Disparé casi sin ver. Una, dos, tres veces creo. Era lo calculado. De pronto algo falló, se salió de lo pre– establecido. La mujer! Ese ser extraño a mi proyecto, 2.1

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