La trampa
El "jefe" sabe? - pregunté asombrado. Se echó a reir. Pero es que supones que un acto de tal magnitud va a ignorarlo el "jefe"? I él quiere que yo lo mate ... ? - debieron brillar– me los ojos del asombro. Te asustas de matar .. . ? Entonces, me he equivo– cado ... ? Oh, no, no es que me asuste ... Es que yo creí ,gue estas cosas las ignoraba el "jefe" . . . Es decir .. . Tú no eres el único, ni e l primero. . . Además, ¿no •sabes ya cuántos "camaradas" han muerto por culpa de ese monstruo ... ? Su vida no paga todas las que · debe, pero por lo menos dejará de hacer más daño . .. Ninguna revolución se ha hecho sin sangre. I es pre– ciso que lo sepas de una vez, estamos en una etapa revolucionaria. Pronto habrá un levantamiento para de– rrocar al régimen dictatorial y correrá mucha sangro ... No te asustes. Tú sólo vas a dar la primera voz de a – lerta. I luego vendrá nuestra época ... ·La grande ... ! Así fué cómo llegó el díc¡. Esa noche ví al "jefe". Estaba como si·ampre, e u fó• rico. Hablaba de un futuro viaje al extranjero, de sus planes para cuando el partid.o triunfase. De vez. en cuando se dirigía a mí y me palmeaba en él hombro. Creí ver en sus ojos una mirada de aprobación. Yo no cabía en mí de la emoción que me poseía. El "jefe" ha– bló del dolor que produce todo alumbramiento. Paro después surgía una nueva vida, y a ella había que ·sa– crificarle el _gran dolor. " Durante tres, ~uatro días, yo no v~v1 sino para esa pensamiento: matar. Terminar. Me ahogaba la idea. " Ya estaba muerto en mi cerebro, ya lo veíá tendi– do en la acera, con los ojos abiertos, o boca abajo, re– volcándose. - 20
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