La trampa
En todo aste tiempo no veía al "jefe". Tácitamen– te me había alejado de él hasta: que no estuviera se– guro de saber cumplir ... " Un día Miguel como por casualidad, me deió la / pistola con que practicaba. Yo fuí, esperé y _le ví lle– gar y luego salir del hotel. . . Era un día de fiesta y en la •plaza pública flameaba una bandera. Era un día extrañamente luminoso. No sé qué me pasó, pero tu– ve miedo. No pude sacar la pistola. I él avanzó tran– quilo y entró en el Club. Había fallado! " Esa noche el "califa" me 9divinó . en los ojos. I sin más comentario, me lanzó el insulto: Cobarde ... ! Ya yo sabía que _no ~erías capaz ... Dame aquí al "nene" (Así le decía a la pistola). " Yo qaise protestar, pero él ni me escuchó siquiera, subiendo apresurado a la oficina del "jefe". " Pasaron dos, tres días sin que viera a Miguel. Has– ta creí que había desistido. Sentí un poco de alivio y al mismo tiempo, me dolía el calificativo de cobarde. " Como a la semana volvió a la carga. I ahora con otros argumentos. Yo respiré. Los grandes actos cuestan. . . Hay que decidirse no más. ¿O tú creías que era muy fácil. .. ? ¡No, mu– chacho ... ! Hay que hacer las cosas con inteligencia. Medir el terreno, observar, y sobre todo, tener mucha serenidad, porque si .fallas, todo estaría perdido. I qué tí;emenda. responsabilidad para el partido! Debes ha– cer -la intención, inclusive, a morir, pues si se defiende, tal vez te dispare y si tú no le das primero, quizá él te alcance con mejor puntería. . . Así que mucho ojo ... Charles, mucho ojo ... " Yo ' le oía fascinado, asintiendo con la cabeza. " - El "jefe'' está muy preocupado porque me ha di– cho que no le pareces muy resuelto ... Yo le he asegu– rado que sí, que tú eres todo un hombre y que estás dispuesto a poner bien alto a la juventud heróica del partido... " - 19 -
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