La trampa
nombre. En mi cerebro se hizo una confu sión. ¿ Qué importancia podía tener esa persona? Miguel me lo explicó. Desde su diario movía la opinión pública y la del gobierno. Orientabq las acciones policiales, ata– caba, calumniaba, callaba lo bueno y defendía lo ma– lo . . . El había hecho que se fusilara a los "camara– das'' en un golpe revolucionario fracasado en el nor– te del país. . . por su culpa se hizo una tremenda ma– sacre y se asesinó por la espalda a muchos inocentes... Ah, sí, yo empezaba a comprender; Miguel se– guía hablando cada vez con mayor energía contra ese hombre todopoderoso, columna básica de los enemi– gos del pueblo y del país. Tenía que morir. " Pero yo no lo c6nocía, ni sabía cómo era. Un día Miguel me llevó a un sitio estratégico y me lo enseñó. Era un señor de edad, calmado, un poco gordo, serio, blanco. Debería tener un poco más de se– senta años. Bajó de su auto y caminó sin apresurarse. Saludaba a diestra y siniestra, con una parca sonrisa. Lo miré con todo lo que daba la discreción aconseja– da. No tenía nada de perverso, nada de agresivo. Más b ien parecía un buen burgués cansado de sus labores. Pero, Miguel me había asegurado que ese era e l ene– migo. " Volví solo, dos, tres veces. Todos los días a la misma hora iba en su auto, bajaba y entraba al hotel. A la media hora salía acompañado de una dama. - Luego supe que era su esposa - y se dirigían al Club que quedaba en la esquina. " Empecé a odiarlo. Por las ~och es, en el local del partido o en los di– versos comités de barrio, oía los discursos de los líde– res Y me afirmaba en mí decisión. Ese era uno de los peores enemigos del pueblo. Desde su diario contri– buía a que no se cumpliera la justicia, a que el pu eblo siguiera sufriendo hambre, a que el país siguiera atra– sado, dominado por los extranjeros .. . -18-
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