La trampa

,, La trampa Al fin ha llegado el momento! Ya está el partido en libertad. Ya resuenan en las calles los gritos de ale– gría por el triunfo. Hay una gran agitación en el penal. Todos los pre– sos políticos, condenados a muchos años, se preparan. El que menos se hace afeitar por otro preso, aplancha sus pantalones, lava apresurado su ropa interior. To– dos piensan que van a salir. Los presos comunes nos hacen encargos para qu'e les llevemos a sus familiares. Nos felictan. Nos envidian. El Director nos hace llamar. Su aspecto es cordial y revela cierta timidez al. di– rigirse a ·nosotros. - Les he hecho llamar, dice, porque creo que les ha llegado la hora . . . - Temblamos de pies a cabeza. - Deben estar listos, continúa, pues de un momento a otro recibo la orden de su libertad, y que no los en– cuentre desprevenidos. . . Anden, anden, muchachos . . . Alístense. . . - I rubrica su gesto con palmaditas en la espalda. Yo creo que me voy a caer. Las piernas se me han aflojado y un sudor frío me baja de la nuca. Miro a mis dos compañeros de presidio: Lucho Pérez y San- 136 -

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