La trampa
No sé si podré soportarlo. Pero no en vano se es– pera durante miles de horas, de días y noches, la lle– gada de este día. No en vano se ha sufrido como yo, torturas y desprecios, para alcanzar al fin este momen– to. Ahora voy a disfrutarlo plenamente. No importa que todo el mundo me mire y se pregW1te. Voy a ser libre ... ! Oh, Dios, le tengo miedo a la libertad ... ! Pero yo he soñado con este día. Lo he esperado con el ansia del sediento. Seré libre de nuevo, volveré a ver las calles. . . Todo habrá cambiado un poco, co– mo .yo. . . pero será lo mismo. Iré a ver a las mucha- chas, ya no serán las mismas. . . pero habrá otras .. . otras. . . I mi hambre de mujeres será al fin saciado .. . Yo ... yo . . . . ¿Cuántas veces me he dicho lo mismo? No cien, miles de veces. . . ¿Acaso miles de veces no hemos si– do estremecidos por las noticias de los triunfos del par– tido? Pero siempre fracasaban y de nuevo a empezar... Pero ahora se trata de otra cosa. Ahora han llega– 'do a pactar con los contrarios, hay acuerdos, convenios, qué se yo. Ahora se abrirán las cárceles y saldrán to– dos los presos. . . Eso es. I yo también seré libre. Só– lo que ya no aguanto más la impaciencia. - 135 -
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