La trampa
:l:-✓Iiedo Creo que la hora de la libertad ::¡e aproxima. Estoy sintiendo sus pisadas en la calle, a la distancia. Sien– to en el aire las vibraciones de la libertad. Han sona– do otros tiempos y esta muerte sin muerte de la prisión, llega a su término. Esto no debe de tardar. Muchos dicen que estamos en las vísperas del gran día. La libertad! Ya apenas si sé qué es la libertad. Será caminar por las calles, libre de las miradas del gendarme, salir, pasear, deambular sin rumbo fijo, con las manos en los bolsillos, silbando úna canción cüal– quiera... Deiar la celda. . . las cuadras. . . no oir más los pi– tos, ni el chirriar de los hierros. . . Dejar el número ta– tuado a mis espaldas ... Volveré a ver el mar. . . el mar ... ! Sólo su vaste– dad me da la exacta sensación de la -libertad. I luego, qué más ... ? Realmente, no sé. Será vol– ver a mi casa, a la familia, mirar los rostros familiares de la madre y los hermanos, todos los días, uno tras o– tro. . . oír sus preguntas, responderles, ser interrogado por todos los que vienen a verme. . . que le ·miren a uno como a un ser raro, "ha estado tantos años en pri– sión por un doble crimen ... " - 134 -
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