La trampa
He esperado en vano una demostración de frater– nidad, de comprensión, por parte de mis camaradas ... He esperado muchos días, muchos meses. . . ¡muchos años! Al principio no pensaba en nada que no fuera una especie de satisfacción dolorosa por el deber cum– plidG. Había hecho lo ·que ellos quisieron que hiciera. como me insinuara alguna vez el "califa", pero no fué Había hecho algo más. No había podido eliminarme mi culpa. Yo lo intenté, y allí está mi frente trepanada, con los sesos latiéndome. . . ¿No merezco una frase de aliento, de solidaridad .. . ? Al principio creí que eso no era posible. Sería comprometerse. Había que salvar al partido. Pero des– pués, al paso de los meses, de los años. . . Ellos tienen mil maneras de hacer llegar sus mensajes. Luego, po– dían haberse acercado a mi casa, ver a mi madre, en fin. Pero nada. Muchas veces los otros presos me decían en se– creto: "Recibimos noticias del "jefe" . . . todo va bien ... " Bien, qué? Siempre andan fraguando revoluciones, gol– pes, pero siempre fracasan. I el tiempo pasa para mí, sin esperanzas. ¿Es que habré muerto para ellos? Por qué este silencio? Soy peor que un muerto: soy un o 1 vid ad o! - 133 -
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx