La trampa

solo fin, ascender, llegar, conquistar las alturas del li· derato . . . y luego, el poder. . . peregrinando hambrea– do por las capitales del mundo, hecho un guiñapo, en– fermo, asistido por una solterona sentimental que le la– vaba las medias y las camisas, pero que lo menos que pretendía era incorporarlo a sus sociedades de benefi– -cencia de gentes de color y de niños huérfanos. . . Las ideas de las muieres altruistas, una vez que han pasa– do los 40 .. . ! Buen9, y luego el largo y porfiado juego de su correspondencia con las instituciones gremiales, con los dirigentes, con los intelectuales y estudiantes de toda América, gastándose hasta el últimG> centavo en comprar estampillas de correo ... ¿acaso no vale nada de ésto ... ? Quien ha hecho algo semejante ... ? I ahora, críticas. . . Imbéciles, tarados . . . Mordiéndose las uñas había llegado a desgarrarse unos trocitos de piel. Se pasó las manos debajo de la nuca, para evitar seguir malográncloselas. Eso le dis– gustaba a Jorge. Lo que es a Hernando hay que aplicarle el "hielo". Sí, está decidido. Le voy a bajar los humos. Ni una so– la palabra más acerca de sus éxitos, ni una sola men– ción a sus últimos proyectos. I luego, ni saludarlo, ni mirarlo, ni nombrarlo. Como si no existiera. Eso sí que. duele ... ! Un mes de absoluto silenciamiento, de "hie– lo", y luego veremos cómo regresa humilde, a buscar su sitio y a hacerse perdonar. I si no se humilla, afue– ra, como un pestoso. I si molesta, para eso están los "discretos". Ya le aplicarán el "castigo" que merece su insolencia. ¿O cómo creen éstos que voy a proceder? ¿Cómo un débil mental? Perdonando, complaciente a todos sus culpables errores ... No! Castigar duro y sin compasión. Ya saben cómo es eso del "hielo". La prueba: Car– litos. Se me subió hasta la cabeza, con sus ~irnos Y halagos y luego abusó de mi confianza. Le baie de un solo golpe. Ahí está como un perro apaleado, escon- 125 -

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