La trampa
, Soliloquio Tendido sobre la cama rumiaba ácidos recuerdos. No, no estaba del todo satisfecho. Echando la mirada hacia atrás, claro que había ascendido, desde sus os– curos días de estudiante pobre. Pero todavía se pre– sentaban trabas, críticas solapadas, murmullos. Si por lo menos pudiera hacerlos hablar, aclararlos, pero se escabullían, se escapaban. ¡Los cobardes! Cuando él, con su elocuencia y sus argumentos irrebatibles, los de– ja ba chicos, aplastados como cucarachas . . . puaf! - Escupió. ¿I si los convocara como para una reuni6n formal y allí, de frente, increpándolos, les obligara a decir lo que pensaban ... ? Era inútil. Ninguno era capaz de enfrentarlo. Le tenían miedo. . . miedo. O tal vez, res– peto. O tal vez. . . pero no. Así es como se gestan las rebeliones. Movimiento brusco en la cama. Uno por uno desfilan los "líderes". A todos los he hecho yo, yo, de la nada. El "califa" es muy cuco pa– ra dejarse pescar en descubierto. Ese no. Si discrepa, tiene buen cuidado de callarse, porque desconfía de to– dos. El "pibe" ... es el más peligroso .. . ese sí que es de temer. Sus ambiciones están a la vista. Reempla– zarlo a é l . . . canallas! Toda su vida dedicada a un - 12-4 -
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