La trampa
cer méri.tos. A los ojos del "jefe" los que más valen son los que mayor adhesión le demuestran. I el solo hecho de pensar en reemplazarlo, es ya una especie de trai– ción. El "jefe" se ha sentido defraudado. I ha dismi– nuido. su afecto y confianza a los que insinuaron la substitución. Porque el anuncio de su posible desapa– rición es de mal agüero. I aunque alguna vez, urgido por las circunstancias, se ha sometido a pensar en esta posible contingencia de la sucesión, lo ha hecho con visible repugnancia. El es insubstituible. Por lo general los líderes descienden de "buenas familias". Emparentados con la pequeña y media bur– guesía, rentistas, profesionales, comerciantes, pertenecen a la clase media "decente". (En la clase media tam– bién hay una extensa escala de valores). Todos los lí– deres han sido estudiantes, a lgunos se han hecho pro– fesionales, y han tenido contacto con la inteligencia. Entre los líderes también se h an creado ciertos an– tagonismos, con evidente repercusión en el partido. El celo unionista ha jugado su papel destructor. Unos a otros han procurado desacreditar al compañero ante el "jefe", para subir un peldaño en su estimación. El "je– fe' ' ha sonreído y en cierto modo, alentado la rencilla. Prefiere que los "grandes" no se unan. Sería peligroso. Lo que ·el "jefe" no tolera es que se le compare con ninguno de los líderes. -Eso significaría su fácil suplan– ta ción. I es desconocer su enorme capacidad de lucha, su entrega a la causa unionista, su talento creador, su visión genial. • La s mayores discrepancias entre los líderes han si– do por los puestos de honor del unionismo: jefaturas, presidencias, representaciones. En esos puestos se pue– dle comprobar el espíritu de sacrificio y la dedicación de los verdaderos unionistas. Es también la escalera del triunfo. El unionismo es un capital en reserva, Día llegará en que sea b ien aprovechado. -119-
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