La trampa
El "jefe" tiene una respetable trayectoria de lu– cha: líder escolar, líder estudiantil y ahora líder políti– co. Aún cuando se encuentre rodeado de muy pocas personas, él siempre se siente en escena. Su mayor p lacer es escucharse. Cuando habla, se escucha a sí mismo y se auto admira. A veces se coloca delante de un espejo para estudiar sus ademanes, el movimiento de sus manos, sus ímpetus oratorios. Sus viajes al extranjero y sus lecturas, le dan ar– gumentos, sólidos para su conversación. Conversa con admirable verbosidad y gran fluidez en los conceptos. Habla de todos los temas y está al día en lecturas. El "jefe" tiene sus propias teorías en cuanto a la interpretación económica de la historia. Si no fuera porque sus doctrinas son una amalgama de las doctri– nas sociales, ya implantadas y algunas superadas en el viejo mundo, se diría que es un innovador social. A pesar de sus doctrinas de reforma y de sus dis– cursos incendiarios, al "jefe" no le gusta la violencia. Su natural sensible se resiste ante la posibilidad d e un derramamiento de sangre. Por eso siempre otgani– za revoluciones, fragua golpes, pero no los ejecuta: cuando ya van a estallar, da marcha atrás. Las revo– luciones que han· llegado a estallar, no han contado con su autorización. Se han producido a pesar del "je– fe", contrariándolo o en su ausenéia. I como llevan en su estructura el condimento del fracaso, no han triun– fado y el "jefe'~ ha tenido la razón. Si él hubiera podi– do, a tiempo, habría dado la consabida contra-orden. I aunque fuera a destiempo, la habría det·enido, trans– formándola en un movimiento provocador, fraguado por los enemigos. Hay algo en sus procedimientos que hace pensar que el "jefe" es el tipo clásico del frustrado, del impo– tente que no llegará. Quizá si su ilusión más querida sea llegar al. po– der en los brazos del pueblo, de los hombres jóvenes, sin derramar una gota de sangre! · -115-
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