La trampa

Recuerda usted, compañerita ... ? Qué ideas nos hici– mos. . . todos unidos, todos luchando por el mismo ideal Ya voy para vieja ... Pero es que aún no hemos triunfado ... Casi, casi, camarada. . . Esta libertad de que goza– mos no la hemos tenido nunca. . . Ahora salimos a las calles, tenemos periódicos, tenemos diputados. . . Has– ta tenemos autoridades municipales, no . .. ? Sí, pero eso no es todo el poder . . . Cuando seamos dueños del gobierno y podamos dictar nuestras pro– pias leyes, entonces diremos que hemos triunfado ... I eso, cuándo va a ser ... ? Es posible que pronto ... No oyó usted al "j·afe", camarada... ? Sí, cómo no ... ! Qué hermosas cosas dice el "je– fe" ... ! Pero vea no más, compañerita Marilú, el otro día mi comadre Justina fué al Congreso. . . Habló con el camarada Caso, ese que ti-ene un alto puesto en la Administración del Congreso ... Sí, sí, ya sé. Ella quería un puesto para su hiia Josefina. . . Us– ted sabe, la muchacha se ha preparado, ha estudiado y mi comadre Justina no tiene quien vea por ella. Además, su casa ha sido mucho tiempo local clandes– tino del partido. . . allí habían reuniones ... Sí, cómo no. . . ¿I ella quería un puesto para Jo– sefina ... ? Así es. . . Pero no le dieron nada. El camarada Caso le dijo, después de hacerla esperar muchos días para recibirla, que el partido no era una sociedad de auxilios mutuos. . . que qué se creían, que si le iban a dar puesto a todos los unionistas, no alcanzaría toda la administración pública. . . en fin. Ajá. . . qué cosa5. . . - dice como para sí Marilú. - Pero mi comadre Justina sabe muy bien a cuántos, que no son unionistas, hombres y mujeres, les dan tra– bajo. . . llevan una tarjetita, dicen que de los líderes y -108-

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