La trampa
le hacía afuera con sus acompañantes y toll).a su auto cerrado. Todavía se oyen los vítores, los gritos, los comenta• rios. . . "No nos provoquen ... " eso ha dicho el "jefe" ... "No damos ni pedimos cuartel. .. " "queremos pan con libertad ... ". . Una ancha sonrisa ilumina los curtidos rostros mi– serables. Los pechos se expanden en un suspiro de ali– vio. Ahora sí que estamos sobre un volcán en erup• ción. Pronto seremos los dueños del Perú. . . y la reac– ción, la vieja casta expoliadora, los grandes terrate– nientes y banqueros, morderán el polvo. Habrá trabajo bien remunerado, habrá escuelas gratis para el pueblo, habrá casas baratas. . . La tierra será del campesino que la labra ... No más hambre, no más persecución, no más miseria. . . Ah, cómo es hermoso luchar por todo ésto . .. ! ¿qué importa lo sufrido? Eso pertenece al pasado, a lo que queda detrás ... Ya no cuenta.. . al fin hemos llegado y bien valen los largos años de su– frimiento! María de la Luz está rodeada de un grupo de mu– ieres. Oye sus opiniones y mueve la cabeza. Algunas aprovechan para contarle sus problemas familiares. El marido borracho, la golpea cuando regresa del parti– ,do. . . Los hiios insolentes, no la respetan. . . Cómo re– solver ésto, compañeritd... ? - Pero su marido es unionista, camarada ... ? Sí, dice la mujer, es secretario de disciplina del co– mité. Pero para él es igual. . . el partido es una c0sa y la casa otra . .. Usted cree q~e ésto cambiará ahora, Marilú? Marilú siente que tiene que mentir: Sí, cambiará. Es la situación en que se vive la que hace que la gen– te sea como es todavía. La miseria hace a la mayoría intolerantes, brutales. . . Pero ahora que todo va a cam– biar, también las costumbres cambiarán... - Eso creí hace veinte años, cuando yo iialo tenía 25. -107-
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