La trampa

les dan trabajo. . . I esos no han luchado. . . Ah, compa– ñerita Marilú, estoy dejando de creer. . . dejando de creer ... Es verdad que no a todos se· les puede servir, ca– marada, porque somos tantos ... pero algo se hace .. . Mire, dígale a la compañera Justina que vaya al co– mando central y me busque ... trataré de hablar con ·al "jefe" y conseguirle una tarjeta ... Cómo no, compañerita, así le diré a la comadre J.ustina. Por ahí anda, porque aunque está muy resen– tida, quiso oír al "jefe" y oirla a usted ... María de la Luz sale del local con un grupo de unionistas hombres y muieres y s·a diriie a su ómnibus. Ella no tiene auto como la mayoría de los líderes. Si– gue siendo pobre. Va pensativa, llevando en la conciencia las pala– bras de ·esta sencilla mujer del pueblo. Todas estas pe– queñas cosas hacen mucho daño al partido. Es verdad que en . esta participación mediatizada del poder que hoy disfruta el partido, mediante sus alianzas con cier– tos sectores de la reacción, las ambiciones personalis– tas de los dirigentes se están poniendo en claro. De nuevo las tarjetas de recomendación siguen surtiendo les mismos efectos que durante todos los regímenes a n– teriores ... Sólo que ahora son tarjetas del propio "je– fe'' o de los altos dirigen.res del partido. . . y los pues– tos no son ¡::ara la hambreada masa unionista que du– rante años y años soportó el boicot de las oficinas del gobierno y de las empresas explotadoras, separándolos de sus puestos y arrimándolos a las sentinas del ham– bre,. . . los puestos son para los amigos de los líderes o para los unionistas de última hora que quieren apro– vecharse de la oportunidad. A los líderes les encan– ta hacer favores. . . Pero, y el pueblo ... ? la masa de hombres y mujeres que se sacrificó hasta el fin ... ? -109-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx