La trampa

sus palabras deben ser sencillas para dejarse entender, que al fin y al cabo, ella ha .estudiado más que los que la escuchan . . . que muchos de los líderes. . . el "jef·e" . . . oh, él sí que sabe más que todos, él está por en– cima de todos los líderes. . . A él sí le tiene miedo. Mientras ella soliloquia, la multitud ha entonado el him– no del partido. . . Ahora habla, para abrir el acto, el secretario general. Luego, el de propaganda. Todos . deben ser breves para dejar hablar al "jefe". Ahora le toca a ella. Una salva saluda el anuncio de su nombre, hecho por el secretario del sector. María de la Luz tiene una voz cálida, llena, vibram– te. Casi no necesita el altoparlante. Sus notas son ar– mónicas, graves, de tonalidad musical. No es la voz chillona que por lo general, les sale a las mujeres cuan– do pronuncian arengas o discursos. Oyéndola se lle– ga uno a olvidar que está hablando, sino fuera por el contenido revolucionario de sus palabras. María de la Luz cuando habla, parece que canta. Poco a poco se olvida de su miedo y concentra su pensamiento en el mensaje que debe decir a la masa: muieres y hombres. María de la Luz no ha creído ja– más que a las mujeres haya que hablarles en un len– guaje distinto al de los hombres. Eso sería crear dife– rencias en la lucha social misma. Su primer cuidado ha sido el de incorporar a las mujeres dentro de las fi– las unionistas, con igualdad de responsabilidades y ple– nitud de derechos. " ... porque nuestras luchas, camaradas, no son por reinvindicaciones del sexo, lucha que dejamos para las "feministas"; nosotras luchamos por la justicia para to– dos, porque si ella viene para nuestros camaradas va– rones, vendrá· como consecuencia para nuestros hiios y para nosotras. . . El partido no hace distingos . . . Tan explotados los hombres como las mujeres. La injusti– cia social oprime por igual a hombres y mujeres. El hambre, la desnudez, la miseria pesan sobre las muie- ~ 104 -

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx