La trampa

res y los hombres cort igual rudeza, y nuestra lucha es contra una sociedad basada en el privilegio qu1:, nos niega el derecho a la felicidad. El partido quiere que la mujer se prepare, se capacit·a, para que, lado a la– do del hombre, colabore en la conquista de los dere– chos del pueblo. Por eso nuestros comités femeninos, para iniciar a la mujer en la acción partidaria. I la mu– jer ha respondido plenamente al llamado unionista ... La mujer ha tomado su puesto de responsabilidad y de sacrificio ... ". Entre vítores y aplausos ha dejado María de la Luz su lugar junto al micro y se ha retirado al fondo del ta– bladillo. Ahora hace su avance a la tribuna el "jefe". El secretario pretende anunciarlo. No hay anuncio. La masa grita, aplaude, exitada. Suenan los hurras y los aplausos. I el nombre del "jefe" es insistentemente corea– do por esa multitud enfiebrecida. María de la Luz si1;,n– te que los ojos se le llenan de lágrimas. ¡Cuánto espe– ra y cuánto anhela este pueblo . . . ! I si lo defrauda– ran ... El "jefe" habla. Tiene la voz ligeramente atipla– da, con una variación un poco femenina. Pero eso mis– mo le da un tono acariciador. Su oratoria es vibrante, sus gestos elocuentes. A veces parecería que se sale del tabladillo, que cae sobre el público. Tales sus ím– petus. Mueve maravillosamente las manos, en las cua– les parece recoger el ansia multitudinaria de la masa que le escucha. En el auditorio se hace el silencio más absoluto para coger _al vuelo sus palabrps. I él _siente que está en comunicación espiritual con su público. . . . durante siglos el pueblo ha soportado el dogal del explotador feudal-burgués. . . durante siglos los po– bres han llevado sobre sus espaldas el peso agobiador del régimen impuesto por los ricos. . . Nuestra patria ha pasado sucesivamente de un régimen de esclavitud colonial a un régimen de esclavitud republicana. . . los -105-

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