La trampa

matar sin saber por qué, con la sonrisa adyecta de su milenaria inconsciencia. Porque J.a masa ss absoluta– mente irr-esponsable. Sólo actúa cuando alguien la con- duce. · Avanzan hacia las tribunas levantadas a un cos– tado de la plaza. I desde arriba se les ve: sus caras iguales, miran con ojos inexpresivos, sonríen sin por qué, cambian breves palabras sin dejar de mirar ha– cia arriba, esperando que se produzca el hecho sensa– cional de ver y oír a los líderes. No hay cansancio, sino plenitud en esos rostros su– dorosos. Están segu ros de que en ese tabladillo .se e n– cuentra la solución a sus problemas, la respuesta a sus preguntas, la clave de sus inquietudes y dolores. No hay rebeldía en sus gestos, no hay coraje, no hay odio. Es una masa neutra. Sólo hay una sonrisa medio mue– ca, una sonrisa triste, disfraz de la secreta tragedia de una espera de toda la vida que no llega a cuajar en realidad. I esta tarde todos se han vestido de esperan– za. Todos creen que al fin cogerán con las manos la flor de sus viejos dolores y que al fin tomarán la re– vancha de su anti9-ua amargura. Muchos llevan la certeza de que ya nada les se– para de la felicidad.. De que esa tarde se cumplirán todas las promesas y un nuevo sol amanecerá para todos. Por eso avanza como un río de aguas turbias in– contenible, amenazante de desbordarse, sino fuera la plaza tan ancha para contenerlo. Algui-en creería que puede alborotarse y reventar como si se saliese de madre, y avanzar y caer sobre todo y avasallarlo. Pero no, la plaza lo contiene, lo al– berga, le abre ·cauce y el río se acomoda, seguro, se va aplacando dentro de ~us límites y va convirtiéndo– se en esa cosa amorfa dé movimientos te:-rnes que es l:1 masa que escucha y especta. - 99 -

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