La Justicia : periódico semanal /Título posterior: La Justicia: periódico religioso, político, científico y noticioso - Año V (116-118,120-121,123-139) Año VI (140-143,145-153,155-173) Año VII (174-209) Año VIII (210-216)

... Campas más respetada I"eside en la cuenca del Ene y Perené. El P:ingoa es afluente de este ultimo. ConTiene advertir que los actuales C(l,mpas son descendientes de los neófiitos que á mediados del siglo pasado se sublevaron al grito de reconquista dado por el célebr~ indio (1) Santos Atahualpa que se hizo reconocer oomo vástago de los I neas. Esta sublcy~oión que ocaei6n0 la pérdida de las Mmonea y martirio de algunos Misioneros produjo tambien la dispersión de los neófitos que volvieron á sus antiguas costumbres. A contar de aquella ép<5ca, loe Campas entregados a sus salve.jea instjn. tos en nada ee diatinguen de a11s antepasados. Desde la nueva. restauración de nuestro Colegio de Ocopa, después de la independencia del Perú, 101 PP. Misioneros repetidas veces intentaron, aunque en vano, restaurar aquellas Misio • nes. No obstante las grave! dificultades que la reduaoión de los Campas ofrecía al celo de los Misioneros, el P. Tomás Rernández no vaciló en arrostrarlas. En l·e. fecha indicada, julio de 1893, el P. Prefecto acompañado de otro Re- .Jigioso, pasó á la zona comprendida. entre los rios Ene y Perer1é y dispués de explotar la tQpografía del terreno, fun. dó la nueva Redaccióa en Ja orilla del Pangoa. Retlucción que debía tener un desenlace fata!. Los sucesos que vamos i re.ferir tuvieron en principio á raíz del establecimiento de dicha Misión. Tan luego como el P. Prefecto se puso en comunicación con los Campas, algunos seeµcdaron los proyectos del Padre, especia!- mente un respetable anciano llamado Serutique, con toda su familia compuesta. de cuatro matrimonios y un total de treinta individ,10s, se avecindó al lado d! la Misi6n. Al poco tiempo pasaron á dteho luiar algunos indios de Andamarca, último pueblo civilizado y más inmediato al Pa11goa. No tardaron en 1eguir el mismo camino tres extranjero,, un yankee, un irlandés y un italia.• no. Loa Campas recelaron la presencia de los extranjeros, pues creen que van allí á expul~arlos para apoderarse de sus terrenos, de los que los Campas se reputan duefios absolutos. Sin embargo, co• molos extranjeros eran en corto número, toleraron su presencia; entraron en relación con ellos y a.un es ofrecieron á prestarles algunos eervicios á cambio de machetes, ropa y ds frnslerias que lee sirven para sus adornos. Asi las oosas, Ja Misión ofrecía un ~apecto bastante aatisfaotorio, como quiera que los s,\I• vajes visitaban a lc.,s Padres, con quienes estaban en bue.na armonía y al parecer sostenían amistosa¡¡ relaciones con los colonos, El irlandés deseoso de eXJ)lotar nuevos terrenos proyectó baj&.r al U cuy·, li surcan• do los rfoaPerane y Tamlo. Para realizar esta. travesía le era indiapensnble servirse de loa Campas, únieos conocedores de estos rios y qu~ tenían medios de movílidad. Antes de emprender tan atroviaa y peligrosa excursión, lo consultó con el P . :Prefecto, quieu lo mnuifestó lo imprudente de entregarse solo á la direccción del< s salvajes en qnieues, eu nn momento dado, podria revivir su feroz instinto. Además el Peche le suplicó que, si sus deseos eran viBi tar el U cuyati hiciera la ruta aoostumbradá por los Misioneros, partiendo de S. Luís á <londe el Padre se dii-igia por aauntos do la Misión. Nuestro hombr~. si bien agradeció el interés que e1 PaJre¡tomaba por él, no d1ó, sim embargo, mucha impar. tancia. á sus concejos á súplicas, toda vez que luego comunicó su pro, ecto con el Campa llamado Churihaunte, jefe de la parcialidad, quien se ofreció, al pfl,recer con mucho agrado, con dos más de loa suyos á Jlevarlo en su canoa. Interín el P. Prefecto vino á esta de S. J,uis, el irlandés se entregó con sobrada confianza á la dirección de los salva.jea, después de estipular el precio y de proveerse de lo indispensable para una larga travesía. Ausentes el P. Prefecto y el i:.-landél!I los asuntos de la Misión seguian su curso ordinario, y ns.da ha.oía. preeentir Joa desagrada.bles sucesos que después sobrevinieron, princip.iando por el audaz é imprudente viaje del irlandés. FR. J. v., o. M. LA JUSTICIA VAIEDADES. Máximas mercantiles. rroao oomercia.nte eatá. obligado á Oll· gra.ndecor sn nombre con la. integridad y la buena fé. Na.da prolonga la vida ni nnmentn. 1a hacienda tanto, como la costumbre de acost,arae y levantarse temprano. El quo atiende á sus quehaceres por ca.- riño y no por obligación,sa.cará siempre buen fruto de ellos. El más tardo ea hacer promesas. ea el más fiel en e! onmplimiento de tilas y vicevel'sa. El trabajo no es el castigo ael hombre, sinó su premio, su placer y su gloria. El que atiende al bien de sus parro. quianos, atiende al suyo propio. La experiencia aje~a sirve para. modificar las opiniones propias. La urbanidad es el capital mas barato y el que mayQi'es dividendos paga. El '3ntusiasmo es la base del éxito, pe• ro hay que cultivarlo, pues que no se puede comprar. Los artículos de una misma. clase deben oompruse de una casa. La calidad de un ar tic u lo se recuerda por mucho más tiempo quo el precio que por él se paga.. El quo deja un negocio bueno en busea de otro mejor, hace mal cambio , Haz á un hombre cien favores; njégale uno, y vera, tu en él á. un enemigo. El cami no que conduce á la riqueza es el de l~ industria y el de la frugalidad. Compra lo qno neceait .s y nada más. Existencias acomuladas aon dinero perdido. La actividad es el mejor socio del capital. La prontitud, y sobre todo en los pagos es la fuerza vital de los negocios. Si pidee consejo r te lo dan, no Jo olvides ni lo d~jes perderse. Nunca gastes dinero que no hayas ganado toda.vía.. El qu~ está contento está rico. No olvides que tus depeneientes son gentes como tú, 1 que, segun les vaya en t n casa, a.sí te irá 6. ti con ello1. EL NIÑO LEPROSO O LA LEYENDA DEL JIUEN LADRÓN• Amigos lectores: puede ser que algunos de vosotros no conoscais la leyenda del buen ladron; pues bien, yo os lo q niero contar con la más ingenua &en• cillez, tal cual nos la refiere uua. piadosa tradición. I. Era nna noche oscura J tenebrosa; ni unA estrella brillaba en el tirmamen~o, y J a tempestad 1lena ba el deoierto con sus ronces bramidos. A la instantánea. luz de un relámra • go se divisa nna miserable obozu., á la qne se dirijen dos pobres y humildes viajeros. ¡Abrid, abrid! Debajo de tan popre techo, unr. an • ciana mujer se calentaba á la vacilant.e Jlama de un humilde hogar, fijando de vez en cuando su µiirada a~sconsolada en una cu.a a donde ca len t trien to dormia el hijo de sns entrañas. ¡Abrid abri d: repetia nnr. voz desde afoera. Quienes quiera que sen.is, respondió la mnjer, con cierto '.lire clo mal humor, seguid vuestro camino; esta mo:radn. no es hospitn!aria. En el oombre del Dios <lo A br,nlrn.::-n , de Isaac y de J $\C01.J, abrí el! Ya os· lo he dicho: desgraoie.c1o nol viajero que aqui entl'8,, replicó la mujer con sarcástica. sonrisa. -¡Oh!. ..... ¡vamos á morir! ........... . ; tened piedad de nosotros! -¿ Qué es lo que pedis, insensatos viajeros? repuso la mujer. -Un rincón donde podamos alvergnr• nos mi esposo y el hijo ele mi corazón, respoudió con la más angélica ternur11 una. mujer joven, cuya hermosura. des· lumbraba las ( 1Íradas de la vieja. Yo no os puedo eoJ).ceder lo que me pedis, pues que si tal cosa hiciese seiia buscar vuestra ruina, por mejor decir. la muerte, por que yo soy la mujer de un célebre bandido, y si él llega. á entrar yo no podría libraros de sus manos. Después de haber hablado en est,ls términos, la puerta. se abrió de par en par: José despues de haber gnarecido su aturdido jumento, entró con Maria su espoaa, y el niño Dios. La p.1trova de la ca.ea tir6 u11 fajo de leña al fuego. Una llamarada viva y ardiente llenó el recinto, tomando todo él un aspecto enean tador. El niño enf-ermo se despe1·té, mostrando la alegría en su semblante, é hizo el R.demá.u de levantarse, olvidando sus clo)ores, para ae.ludar con una tierna. sonrisa al niño Jesús . -Yo no sé quienes sois, dijo la. mudel bandido, pero desde que o, cobijais bajo nuestros techos, no se lo que en mi pasa; unn alegria interior me anima, soy dichosa á vnostro lado , y tanto es a.si, que hasta mi pobre niño, cambia la fisonomía, v en medio del sufrimiento deja esoapa/ de su11 labios la sonri ea, y parece que comparte conmigo tanta dicha. II La.s tinieblas iban Rntnentando, la tempestad iba credendo ......... la choza parece que tiembla, y es que la tormenta reanuba sus es_fuerzos y la lluTia azota su carcomida puerta.. Se oyen paios. ¡Pam! ¡Pam! -¿Quién hay? -¡ Abre, mujer, abre! ...... proato! ..... pronto! -¡Ay cielos! es mi mariio! ...... ¡A.h! ¿ Dóode os podré esconder?...... . ¡estoy perdida! exclama, la pobre mujer des• consolada. Maria se levantó; le entregó en sus brazos al niño Je¡¡ús, y le dijo; no to• maia, id y nbrid la pnerta. La. puerta quedó abierta, El bandido entró bruscamente~ chorrca.ndo ague. y cargado de rapiñas. A.l aspeotó de María el bandido retrocedi 6 un _paso, ~lavando sobre su. ~ujer nna. mirada de o6lera. ·• . -Son pobres vie.,jeros que ha sorpren dido la tempestad; JO les he abierto creyendo que nos proporoiona.rian un rato feliz. -Soan quienes fneren, sean bien venidos, murmuró el bandido; y sin añadir ~tra pala&ra depositó su botín. sentóse cerca del fuego, donde secó sus mojooos ( v01tido1. -Mujer! .........oye ......... No tent1mos na.da que comer? -Sí, todavía. tenemos pan, frutas y uu cuarto de cabrito. Y queriendo la mujer que Me.ría recibiera. ~l niño para Rrreglar la cena: -Nó, respondió María, soy yo Ja que quiero servirle. 'f'odos cena.ron alegremente, y la mujer del bandido se qnedó solR, cel'Ca del fuego, co11 José y con el niño; jamás su corazón babi •..rebosado de tanta alegría como aqnella noche. Habiendo el bn.ndido aplaoa.do sn hambre, se sent-ó en el rústico banco del hogl\r. Un pensamiento triste vino á t iuba.r su trRnq nilic1ad y exclamó: i Ah! si mi hijo pareciese al vuestro, dirijiéndose á José. -¿Le teneis enformo? preguntó el e11• poso de María, con templando las horrorosas lla.gasq ne e nb1fon su c nerpo. - Enfermo do ·.rna terrible enformedad, prosigni o el padro suspirando: está cubí~rto Je 1epra. Esta r evelaci ón fué seguida de un largo y pro fundo silenci o . Lti m.njer del bandido uo pudo con te• nerse , y algunas lagrimu.s rodaren por sus mejillas. -Dios castiga al niño á causa de los crímenes do su padre, dijo ella en voz bttja. El ladrón miró á s11 mnjer, más su mirada no era. la miru.da do c,ílern de ántes, más bum demostraba en elltt el sen ti miento y la inquietud. -Dios, dijo María, abre sus amorosos brazos al pecador arrepentido y cambia sus lágrimas en alegria. Y tomando al niño Jesús sobre sus rodillas, continnó: -Héaquí que el día viene y la tormenta desaparece: dadme un poquito d.e agua para labar á mi hermos0 niño, y c1espnés emprenderémos de nuevo el camino. -Todavie. nó, dijo el bandido-, que veia oon sentimiento ausentarse loa b.uéspcdea de aquella noche. -Nosotros tenemos un largo camino que nacer, respondió J osé. -¿ Y á dónde vais? -1Je1gra.ciados desterrados, vamos á buscar patria en Ejipto; más algun áia volveremes. -Cuando volvais 6. pasar no o)videis esta. oasa, que vosotros habeis llenado de luz y de alegria. ~l vient? se babia convertido en juguetona brisa que alentaba al viajero• las nubes se recojian hácia el horizon: te, y la aturaleza presentaba el día más hennoso de primavera. - Vámoa, dijo Josl. -Lava.u v·1eatro niño con el agna con que acabo de la.Yar al mio, dijo María, abraza'ndo á la anoiana mujer del bandido. Tpdos se saludaron afectuosaiDtn~ y nuestros viajeros se alejaron. IJ:I. Miéntraa él bandido y su mujer pudieron divisarles, les siguieron con sus ojos. Habiéndoles perdido de vista, suspiraron cQmQ gentes que pierden un individuo de 1u fa~ilia. · El nifi.o \'Btaba en pié ~u medio de los dos, y empezó á llorar. -Ven, hijo mio, ven, que te lavaré con é'I agtta. con que el extrangero ha lavado al suyo. -¿ A qné viene esto? replic.!5 el bandido levan~aodo las 01paldas. La. mujer no hizo caso de su marido, y apenas el niño hubo tocado el agua, quedó completamente curado. Mas tardo el niño leproso moría arre• peotido en -el Calvario, al lado dt Jesús,- oructfioa.do. No hay acción buena sin recompensa. Hé aquf la leyenda del buen ladrón. AVISOS. INTES'l'ADO. 11.n un recurso presentado por don~¡. guel Veia, denunciando el fallecimiento intestada de doña moysa Gomero, el Sr; J ~fiz en lo Civil l>r. Robles Arnao, ha expedido el auto que sigue~-Huarás, .A bdl '2 de 1897-Recibaae la información que el reourrenw ofrece, con citación de los herederos ·de la que se dioe int..ata.da y la. del Agente Fiscal: dése aviso al público poi: uno de los periódi• coa de más eiroulaoión que ae editan en esta Ciudad, para que los que so crean con derecho á sns bienes se presenten en el término de 30 días á deducir las ao• eiones q ne le respectan: certifiqnen los Escribanos Públicos de esta Provincia, sobre sí por ante ellos ha. otorgado tes• tamento 1~ expren~, finada; y pra.oUq uense l~s demás diligencias de que se ocupa el artionlo 1,281 y siguientes del Código de Enjuiciamientos Oivil. Pro·• cédaae al inventario y depósito provisional de los bienes de la fina.da, dándose por nombrado depositario á don José R. Gomflro, sáquese copia certifica.da de e&- te ::i.11to y fórmese cuaderno separado para. la fa.coíón de inventarios, Mngase por parte itl recurren te á nombre de dofia :B'rau cisca. Gomero, en virtud del poder que aéompaña.-Una rúbrica del Sr~ Juez --M:auuel M. Arce. Lo qt1e pongo en conocimiento del piiblico para 10'8 eíeotos conaiguientis. Ruarás, Abril 6 de 1897. Manuel M. Á rce. v. 8 p. 2. E. de E .. Se l:'one en conocimiento del públfoo de que el que eu1cribe toma en traspaso t,oda. J a exis teD oia del es tablecimien to Wing Wou y Oª., cnyo representante es D. Manuel Figueroa; y para que Ja1 personas que tengan cuentas eon dicha casa no duden do es·te arreglo, por consiguiente no responsable de ningun re~ elamo, se pone el presente aviso. Huaraz, Marzo 6 de 1897. v.4--p.4 Jo1é Locjon~ OUBA LIBRE Prevengo á todos le1 deudores ~ "E-i Ti€mpo" y la. '·Iotegrida.d'· que 11 ientr;o de 8 días no cancelan sus ouentaa, me veré obligado á publicar sus nombres. 1'iburcio Snche::. IMP. l>E "LA JUSTICI•" CA.LL& D& 8_.1'{ MAM'Í~-Nº 4.. - - _,/'

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