La independencia inconcebible

defender los intereses de sus leales súbditos, requiriendo la necesidad de enviar refuerzos, especialmente marítimos (Balanzat, 1872[1822], p. 125). En este mismo sentido, el secretario de Marina buscaba justificar al gobierno, exponiendo que se había ocupado, pese a los muchos tropiezos, de «[…] proporcionar auxilios a las provincias del Perú, y de habilitar una fuerza naval competente», para lo cual se habían señalado tres navíos, una fragata y un bergantín. Además, subrayaba que se habían tomado otras medidas que se habían creído convenientes para tal fin, entre las que destacaba la adquisición de 5112 quintales de azogue que, entre otros recursos, se habían dedicado al efecto (Romarate, 1872[1822], p. 197). Pasarían varios meses hasta que Dionisio Capaz, secretario de Marina, presentara en octubre una nueva memoria de esta cartera a las Cortes extraordinarias (Capaz, 1872[1822], pp. 123-136). La política española había dado un giro, ya que desde agosto los exaltados gobernaban el país, mientras que el estado de la Armada no había hecho sino empeorar desde que se había aprobado el decreto —incumplido— de mayo de 1821 que ordenaba que la fuerza naval que debía enviarse a América se compusiera de cinco navíos, cuatro fragatas, dos bergantines, cuatro goletas y los buques necesarios para mantener la correspondencia con Ultramar. Se trató de una medida que el ministro definió como sabia, ya que desde 1821 la insurgencia había avanzado en aquellas provincias y ni las Cortes ni el gobierno habían podido responder a las demandas de auxilio, como las que se recibían de La Serna desde el Alto Perú. Con más voluntad que realismo se aventuraba a proponer a deliberación de las Cortes la cantidad de efectivos que debían disponerse, ya que estaba convencido —al igual que los militares que servían en el Perú— de que el futuro de la unión transatlántica pasaba precisamente por los refuerzos navales. En el recorrido del balance regional americano, Capaz se detenía en el Perú donde consideraba conveniente que se destinaran fuerzas que superarían a los disidentes recurriendo, si fuera preciso, a adquirirlas en Francia o incluso en los Estados Unidos. Su idea era que en el Pacífico estuvieran destinados dos navíos, dos fragatas, un bergantín y una urca, o tres navíos, una corbeta, un bergantín y una urca, puesto que en el sur ya no se contaba con navíos españoles. De hecho, en los puertos realistas de Arequipa, Mollendo y Quilca no ondearían más las banderas españolas (1872[1822], pp. 124-125). Las memorias del año 1823, últimas del Trienio, se leyeron en el mes de marzo en Sevilla, donde el gobierno se había trasladado a raíz de la 94

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