La independencia inconcebible

acreditada fidelidad, razón por la que la nación tenía el deber de hacer los esfuerzos necesarios para liberarla del estado aflictivo en el que se hallaba. De este modo se daba a entender, sin que existiera información suficiente, que San Martín no contaba con los apoyos de los residentes de la capital. Moscoso tampoco poseía noticias seguras de las demás provincias del Perú, excepto de Trujillo, donde el gobernador e intendente marqués de Torre Tagle había promovido la independencia (1872[1822], p. 204). Para cuando el secretario se dirigió a las Cortes ya se habían producido las negociaciones de Punchauca y no se conocía el resultado de las comisiones de pacificación. Esta circunstancia le permitió presentar de forma coherente la posición oficial del gobierno, ya que cerró su alocución desmintiendo radicalmente que, a pesar del panorama preocupante, se tuviera la intención de consentir jamás la emancipación de ningún territorio de América (Martínez Riaza, 2011, p. 677). Luis Balanzat, secretario de Guerra, se vio forzado a reconocer el incremento de la insurgencia en el último año, dejado en claro que el gobierno había pasado de la esperanza a la preocupación y admitiendo el fracaso de la negociación. Basándose en la información proporcionada por Seoane y Valle Umbroso, Balanzat introdujo extensas y pormenorizadas noticias sobre el Perú, lo que se explicaba por la novedosa situación bélica. Su intervención se iniciaba con una referencia escueta al golpe de Aznapuquio, aunque limitándose a informar que «[...] el 29 de enero de 1821 fue proclamado virey [sic] y capitán general del Perú, por las tropas que se hallaban en las inmediaciones de Lima, el teniente general Don José de la Serna, y separado el que lo obtenía D. Joaquín de la Pezuela». Según el ministro, todavía las provincias del Alto Perú gozaban de una completa tranquilidad, no así en el Bajo Perú, donde el ejército de Chile ocupaba Guacho y Huaura «[…] en actitud de emprender cualquiera operación en todas direcciones», encontrándose resguardado por el sur y también por el norte tras la independencia de Trujillo y Guayaquil. Balanzat volvía a mencionar que el 9 de julio las tropas nacionales habían evacuado Lima y que semanas después el general Canterac, con un importante contingente, regresó a auxiliar a los españoles que mantenían El Callao sin que se produjera un enfrentamiento con el enemigo comandado por San Martín, «[…] con sus tropas y una considerable reunión de todas castas». Mientras tanto, aseguraba el secretario, el virrey esperaba en Jauja por si llegaba el caso de tener que marchar contra la capital. Finalmente reiteraba, como sus predecesores, la necesidad de mantener la paz en aquellas provincias y de 93

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