ministro, era en el Pacífico donde la guerra actualmente se «[…] manifiesta más peligrosa y de carácter más temible» (1871[1821], p. 418). El estado de las fuerzas navales del Perú era realmente preocupante, ya que el navío enviado como refuerzo no había llegado a su destino por haberse destruido, dejando al El Callao sin ese tipo de embarcación. Para evitar la caída de dicha porción de la Monarquía, Jabat recordaba que desde hacía ya algún tiempo se había decidido el envío de dos nuevas embarcaciones, San Pablo y Asia, pero que nuevamente la falta de medios había retrasado su envío y forzado la sustitución de la segunda por una nave de menor poderío. En su intervención Jabat defendió un principio estratégico respecto de la defensa del Perú, ya que adoptó una clara posición en el debate que se planteó en la corte acerca de la utilidad de las fuerzas fijas y los apostaderos. Recordando la resistencia realizada contra las fuerzas de Cocharne, el ministro ponía en valor dichas soluciones militares frente a quienes las cuestionaban por suponerlas costosas, inútiles y perjudiciales (1821, p. 421). De cualquier manera, el secretario se lamentaba de que hasta el momento no se había podido ejecutar ninguna medida concreta y puntualizaba que «[…] de la demora hasta ahora habrá de responder la penuria y escasez de los medios competentes, no el Ministerio de Marina, a quien siempre ha agitado una continua inquietud, y si así se puede decirse, importuna solicitud de recursos para realizar un proyecto que tenía siempre presente a su vista como único o principal objeto de sus cuidados» (1871[1821], p. 418)108. Así, buscaba evitar el cuestionamiento parlamentario al gobierno o al contenido de sus memorias, que estuvo a la orden del día, tanto por parte de los diputados como de las comisiones de Ultramar109. Durante el período legislativo extraordinario comprendido entre 1821 y 1822 se produjo un intenso debate acerca del futuro de las posesiones ultramarinas que comenzó el 17 de enero de este último año con la presentación ante las Cortes de un informe del gobierno. En este escrito se afirmaba que aún no había llegado el momento de reconocer la independencia de las antiguas colonias y se incorporaban varias recomendaciones (Anna, 1986, pp. 300 y ss.)110. En este contexto, el ministro de Ultramar Pelegrín sometió a las Cortes el famoso memorial cuya redacción había encargado a Miguel Cabrera de Nevares, en donde se sostenían una serie de afirmaciones —con las que el secretario no estaba de acuerdo en su totalidad, al menos en cuanto a su posicionamiento oficial como vocero de Fernando VII111— que se encontraban en clara 90
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