La independencia inconcebible

En la sesión de lectura de las memorias de este año, Ignacio Balanzat informaba que las «[…] provincias del virreinato de Lima continúan pacíficas y unidas a la Patria, y solo han sido inquietadas las comunicaciones marítimas por el aventurero inglés Krocau [sic], cuyas empresas, frustradas o estrelladas en el Callao y Supe por el valor de las tropas nacionales, se ha dirigido a varios buques mercantes» (1871[1821], p. 404). Pero el panorama ofrecido por el ministro de Ultramar también enfatizaba la incertidumbre. Según aseguraba, «[…] no se tienen más avisos oficiales que los de haberse recibido en la capital de Lima en el mes de julio la noticia agradable de la restauración en la Península del régimen constitucional» y se esperaba la confirmación para «[…] celebrar grandiosamente uno de los actos más memorables y festivos que jamás se vieron en aquellos reinos» (Gil de la Cuadra, 1871[1820], pp. 131-132). Sin embargo, se desconocía el cambio político ocurrido en el gobierno virreinal, así como el desembarco en Pisco, a comienzos de setiembre de 1821, de una expedición de 5000 hombres enviados desde Chile al mando de San Martín. La intervención del secretario Gil de la Cuadra introdujo la negociación de Miraflores, sobre la que solo disponía de noticias de particulares según las cuales, al parecer, el jefe superior de Lima había propuesto a los disidentes un armisticio en virtud de las reales órdenes que acababa de recibir para que cesasen las hostilidades y se procediese a la reconciliación. Según el ministro, Por desgracia el jefe expedicionario, aunque accedió a una suspensión de armas en corto tiempo, no se avino a jurar la Constitución o a enviar diputados cerca de S.M para que presentasen sus solicitudes, que eran las bases esenciales de los convenios que propuso el virrey, quedando mientras llegasen las resoluciones de la Corte evacuado el Perú por las tropas chilenas, y Chile en la situación política en que se encontraba, son la comunicación expedita con Lima para renovar su comercio (1871[1820], p. 132). La intervención de Juan Jabat, secretario de Marina, transmitió con contundencia la creciente preocupación por la situación del Perú y la incapacidad del gobierno central de intervenir para revertir una tendencia cuyo final, aunque parecía advertirse, no se menciona explícitamente. De hecho, Jabat afirmaba que uno de los objetivos primordiales de la política ultramarina había sido alcanzar la supremacía marítima en el Pacífico, específicamente en torno a El Callao, sin el cual «[…] corren peligro tarde o temprano, a pesar de los heroicos esfuerzos de los ejércitos, tan extensos, ricos y poderosos dominios del imperio español». Según el 89

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