La independencia inconcebible

este grandioso objeto el rey dirigió su célebre Proclama a los habitantes de Ultramar, en donde se fijaron […] de un modo auténtico y solemne las ideas y deseos benéficos de SM respecto de aquellos súbitos y la conducta que han de observar con ellos todos los jefes que los gobiernen en su nombre, [puntualizando que al] que tiene en sus manos el verdadero poder con resuelto ánimo de no cometer ningún abuso, le es más lisonjero y agradable persuadir que obligar, aún a riesgo de que se le juzgue por menos fuerte (1871[1820], p. 55). Sin embargo, en sintonía con algunos de los lineamientos de la proclama, ni las concesiones fueron tan apreciables ni mucho menos se percibieron de ese modo en América. Como puntualiza Gil Novales, al poder central solo se le ocurrió ofrecer el perdón a los insurrectos mediante un decreto de 27 de setiembre de 1820, poniendo en evidencia una «[…] ceguera [que] venía a demostrar que los americanos habían tenido razón al tomar las armas» (1980, p. 18). Anticipándose a lo que habría de ocurrir, el ministro Porcel ya justifica en su primera comparecencia ante las Cortes los preparativos militares que se estaban llevando a cabo con suma dificultad. Específicamente, aducía que no existía contradicción alguna entre dicha intención conciliadora y el intento simultáneo de disponer de grandes fuerzas marítimas y aprestos militares. Aunque se vio forzado a reconocer que se había remitido armamento a Tierra Firme mientras se estaba desplegando la política de acercamiento, el ministro no dudó en afirmar que «[…] el Rey, cuando puede disponer de mayores fuerzas, es cuando quiere abstenerse de hacer el menor uso de ellas». En suma, Porcel sentenciaba que el gobierno se inclinaba a conseguir sus objetivos por medio del consejo antes que con la fuerza, «[…] pero sabe también que la fuerza es el mejor apoyo del consejo, y mucho más en las disensiones civiles, donde nada puede manejarse ni disponerse por los medios comunes» (1871[1820], p. 56). Definido el punto de partida de la acción del Trienio respecto de los insurgentes, resulta interesante centrarse en la lectura que realizaron los ministros tanto del movimiento revolucionario como de la caracterización de su sujeto. Se trata de dos asuntos respecto de los cuales se mantuvieron diversas posturas. Así, mientras que algunos sindicaban al régimen absolutista que se había impuesto desde 1814 como al causante del agravamiento de la crisis abierta con las rebeliones americanas de principios de la década de 1810, otros apuntaban a la incidencia del régimen colonial en su conjunto, denunciándolo como un período de 85

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx